Finales felices o historias sin acabar

Los estereotipos de felicidad abundan en el séptimo arte, nadie lo duda. Los directores de cine se permiten captar la atención del espectador mediante el uso de innumerables recursos, pero yo querría destacar entre todos ellos, el ensalzamiento de lo finales felices: las historias bonitas con un héroe que siempre gana y un villano que siempre pierde para
que el protagonista termine con la chica. La mayoría de historias desarrolladas en la gran pantalla, sobretodo en el género romántico, tienen previsiblemente un final de este tipo que ha conseguido generar unas expectativas altísimas en lo que a relaciones de pareja se refiere. Ya desde pequeños, nos sentamos frente al televisor y nos empapamos de mensajes que nos hacen creer que lo normal, lo lógico, lo “bonito” es luchar por el amor, enfrentarse a la maldad del enemigo y derrotarlo para obtener, a priori como recompensa, la atención de tu amada que ha sido conquistada únicamente por tu gesta.

Final feliz o historia sin acabarOs voy a alertar de que a partir de aquí encontraréis spoilers de la película de vuestras vidas y puesto que todos somos
actores sin guión, nos vendrá bien leerlos: los finales felices mostrados en los Clásios Disney no pueden llamarse finales. Después del The End la historia sigue, el héroe tiene que ver cada día a su princesa y viceversa; cada día después de la historia narrada hay que cocinar las perdices para poder comérselas y en una relación basada en heroicidades, lo generl es que la princesa esté defraudada o el príncipe aburrido y comiencen nuevas películas máscercanas al dramatismo o el thriller que al romanticismo.

Digamos lo que digamos, seguimos consumiendo y distribuyendo este tipo de largometrajes y nos esforzamos por conseguir ese final feliz sin darnos cuenta de que lo más importante no es llegar al final, no es la meta. Lo verdaderamente importante es escribir la historia. Hemos de recordar que cada instante que pasamos esperando una nueva claqueta, estamos desperdiciando una página blanca del guión en la que podemos escribir nuevos enfoques, nuevos registros, nuevos escenarios y nuevas escenas con erótico resultado. Cada instante que pasamos con nuestra princesa debemos considerarlo una regalo, cada momento que sonreímos con ella debería ser considerado un logro, cada vez que la acariciamos una gesta y cada beso obtenido una victoria. De esta manera, es imposible que la película nos parezca lenta o aburrida y nos arrepintamos de haber pagado la entrada, por mucho que hayamos tardado en decidirnos por esa producción

Captura de pantalla 2014-08-08 a la(s) 03.02.26Si algo tiene de especial nuestra filmografía es que no podemos ponerla en pausa, no podemos avanzar rápido y no podemos dar marcha atrás. Lo único que podemos hacer es vivirla y esforzarnos por disfrutar cada momento como si fuera el último para que si un día la película acaba, nos sintamos orgullosos de nuestra actuación y puedan decir que tuvimos un final feliz, digno de Oscar.  No digo que todos tengamos que querer ver el mismo tipo de cine o que las mejores películas sean las que más romanticismo tienen o las que más escenas de sexo contienen; sería aburrido ver siempre telefilms baratos sin pizca de sorpresa o espontaneidad; lo que si opino es que a nadie le disgustaría ser director de una película en la que los actores son felices desde el primer “acción” hasta los créditos finales y sobre todo, estando basada en hechos reales.

Seamos conscientes de que existe un amplio trabajo de casting antes de comenzar a rodar con los actores idóneos y que la historia puede decepcionar a los espectadores más exigentes, pero siendo realistas… ¿a quién le importa la taquilla en una True Story con intérpretes excepcionales y un único pase?

Escrito por David Pérez Borge

David Pérez Borge

Psicólogo con formación cognitivo conductual.
Sexólogo y Terapeuta de pareja.
Terapeuta familiar sistémico.
Consulta en Barcelona, Sabadell y Santa Coloma.

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