Desarrollo personal

Las personas vivimos nuestras vidas siguiendo unas etapas de desarrollo evolutivo, guiados de alguna manera por nuestra edad. La propia sociedad marca unos estereotipos para cada una de las etapas de acuerdo con lo que se ha considerado apropiado. Se nos dice que hay unas edades para formarnos, otras edades para trabajar y otras para retirarnos.

Estos estereotipos nos pueden servir de guía para tener una vida ordenada y estándard, pero no dejan de marcarnos unos límites que nos quitan libertad de elección. ¿Porqué no empezar a estudiar una carrera a los 70 años o crear una empresa con 12? ¿Es acaso imposible, inapropiado, malo? Definitivamente no. Hay muchos casos de personas que se salen se la norma y viven su vida con libertad de elección.

¿Qué marca la diferencia en las personas libres?

Cuando creemos que podemos hacer algo, simplemente podemos. Esto no es universal, no podemos volar por el simple hecho de creer que podemos, pero sin este pensamiento nunca se habrían inventado los aviones. Así pues, mi reflexión versa sobre la libertad de elección. En nuestras vidas debemos plantearnos si estamos eligiendo libremente o nos estamos dejando llevar por la corriente.

Ya desde bebés tenemos una pautas muy marcadas sobre cómo debemos ser y qué debemos hacer en cada edad. Nos encontramos con madres preocupadas porque a sus hijos no les han salido los dientes, no hablan, no leen… cuando en realidad cada persona tiene un nivel madurativo diferente. A parte de para detectar algun tipo de disfunción, pensar que debemos hacer alguna cosa a una determinada edad es una falsa creencia. «La edad no es causa de nada» nos repetían una y otra vez en la facultad de psicología.

Querer ser normal es un error

Quere ser normal, es un deseo que responde a la necesidad de pertenecer a un grupo, pero ser como los demás, ser normal, hacer lo que toca… es algo irreal. Nadie es normal porqué cada persona es diferente. La normalidad es un falso constructo, es un concepto estadístico que se situa en el centro de una gráfica llamada «Curva de Gauss«. Este constructo no es una realidad y tampoco es la fuente de la felicidad, sino más bien lo contrario. Buscar la normalidad nos aleja de nuestra individualidad, nos desconecta de nuestra propia esencia, aquello que nos hace únicos, auténticos y valiosos.

La normalidad es buena para la sociedad pero no para la persona

Esta idea de normalidad es buena para tener un control social, es una manera de ordenar y controlar a las personas, de hacer que sigan unas normas, y para ello, se sacrifica la diversidad, la individualidad y la diferéncia. Tener a las personas ordenadas y clasificadas ayuda a normalizar las conductas y evitar imprevistos, generando así una estabilidad en los pueblos, ciudades y goviernos en general. Se elimina así la espontaneidad, la creatividad y la innovación en la persona, creando entornos seguros y confortables pero que no potencian el crecimiento personal y la autorrealización. Se convierten así en una fuente de infelicidad para las personas.

Tarde o temprano haremos un cambio

Lo hemos visto en mil películas, libros o series. Tarde o temprano sucede algun acontecimiento que lo cambia todo y que nos lanza hacia un camino heróico. La vida nos presenta pruebas para que reaccionemos, no nos podremos refugiar de los cambios eternamente, así que mejor tomar las riendas y dirigirnos hacia el cambio afrontandolo de cara y con energía. De otra manera, el cambio nos va a llegar de forma desprevenida y no vamos a saber gestionarlo. De ahí la cantidad de personas que entran en estados depresivos y ansiosos y que cuesta tanto superar.

Todo el mundo piensa en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a si mismo

LEO TOLSTOY

Escrito por Rosa Domingo

Rosa Domingo

Psicóloga clínica Licenciada en psicología y psicopedagogía Máster en psicología clínica cognitivo-conductual

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