¿Y si…?

Cómo dice el dicho ‘aquel que esté libre de pecado que tire la primera piedra’. En este caso nadie podría alzar su mano para llevarlo a cabo. En este artículo me gustaría hablar de aquello que he bautizado como ‘la teoría del y sí’. Esto tiene mucho que ver con las innumerables referencias que se han hecho sobre el pasado de uno mismo y de otros y cómo ciertos cambios en momentos determinados temporalmente podrían arreglar ciertos aspectos de nuestras vidas.

Partimos de la base de que neuroanatómicamente nuestro cerebro intenta optimizar todos los procesos que lleva a cabo y de ahí, nacen nuestras decisiones. Queremos hacer dieta, nos autoconvencemos de que ciertos alimentos no nos ayudarán en el proceso, seguimos una disonancia cognitiva que nos lleva a realizar ciertos actos a favor o en contra del primer constructo o idea presentados.

Durante todo este proceso por nuestras neuronas pasan muchos corrientes eléctricos que nos permiten llegar a una solución final sea cual sea. Nuestro cerebro pone en marcha el prefrontal para la toma de decisiones de manera racional sancionando nuestra amígdala si ésta quiere intervenir emocionalmente. Y ahí es cuando esta teoría entra en juego. Cuando nuestras emociones no están satisfechas con el resultado de esa ecuación.

La teoría de ‘’y sí…’’ parte de una idea pasada que en la actualidad no nos beneficia como habíamos planeado. Es una idea totalmente metafórica de una toma de decisiones en el pasado que beneficiaria o perjudicaría nuestro estado actual. Cuando una persona se plantea el cambio de idea o de situación pasada para poder arreglar la situación presente aparece esa línea de futuro paralela y metafórica dónde ese cambio produce un resultado diferente. Ni mejor ni peor, diferente.

A modo de ejemplo podríamos decir: ‘Y si ayer en vez de comprarme un pastel de chocolate me hubiese comprado una sopa de verduras?’. Partimos de la idea de que actualmente, subidos a una báscula, los resultados serían muy diferentes. En este caso la respuesta es claramente obvia. Pero en un hipotético caso quizá subidos a la báscula el resultado de nuestro peso no nos parece tan malo y entonces no hay disonancia cognitiva porque ayer te comiste el pastel y no hay una consecuencia negativa.

 Por lo tanto, el objetivo de este artículo es eliminar el proceso de disonancia cognitiva personal. ¿Porqué? Claramente porque no podríamos haber tomado otra decisión en el pasado dado que no habíamos sufrido la consecuencia presente. No habríamos podido tomar la decisión correcta porque aún no habríamos aprendido nada. Esta consecuencia actual debería ayudarnos a plantearnos qué hacer en otra situación futura similar, no debería dejar a personas estancadas en un error pasado que parece eterno y recurrente. Debería liberarnos de las cadenas de la autocrítica perjudicial y el victimismo extremo. Culparnos porque ‘y si hubiese hecho otra cosa’ es temporal y emocionalmente imposible. Es nuestra experiencia y capacidad de aprendizaje la que nos ha permitido ver las cosas con otra perspectiva y cambiar de opinión. Hemos cambiado de opinión porque no nos gusta lo que vemos y creemos que si pudiésemos volver atrás podríamos cambiar las cosas y quizá serian mejores. Pero nunca podríamos haber tomado otra decisión que la que el contexto pasado nos hizo creer que era la correcta. Básicamente porque nunca habríamos sabido que acabaría mal o que no sería como esperábamos.

Esta traza intemporal y metafórica creada por nuestro cerebro dónde la situación actual es otra es un bucle erróneo de autocrítica y autoculpa que puede llegar a ser eterno en ciertas enfermedades mentales. Esas personas que tienen depresiones a causa de ciertas decisiones que han tomado y se culpan constantemente por aquello que han hecho son las mejores personas para desestimar esta teoría. No se van a sentir mejor si tienen presente las 24 horas del día que podrían haber tomado otra decisión que no sea la que tomaron en su momento. Les ayuda más ver cómo pueden aprender de sus errores en otros contextos futuros y que aprender algo nuevo nunca esta de más.

Por lo tanto, creo imprescindible dejar de usar el condicional ‘y si hubiera’ y centrarnos en el tiempo presente para mejorarlo y más importante en un tiempo futuro para poder tomar otro tipo de decisiones que puedan beneficiarnos. Porque arrepentirnos nunca servirá de nada, al contrario que aprender cuando erramos.

Escrito por Cristina Pérez

Cristina Pérez

Graduada en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona con mención en clínica de adultos. Experiencia con pacientes con TCA y Hospital de Día.

2 comentarios de “¿Y si…?

  1. Completamente de acuerdo, pues todos los razonamientos hipotéticos son necesariamente falacias.
    El que hace la consideración es el “yo de ahora”, que es diferente del “yo de entonces”.
    El “yo de ahora” sí que puede actuar con una nueva perspectiva, pero ésta no la poseía aún el “yo de entonces”, por lo que actuó irremediablemente como llegó a hacerlo.

    Felicidades por el artículo.

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