Trastorno antisocial de la personalidad

El trastorno antisocial de la personalidad es algo que suele ir rodeado de intriga y de cuyo pozo han bebido muchos escritores, pintores, cineastas… e incluso sus propios biógrafos e historiadores. Pero, ¿qué hay detrás de las personas que sufren dicho trastorno? ¿Por qué atrae tanto a la par que asusta?¿ ¿Por qué resulta interesante observar dicho comportamiento, por ejemplo, a través de series de televisión o capítulos como “Crímenes Imperfectos”, pero desde la distancia?

687474703a2f2f666330332e64657669616e746172742e6e65742f667337302f662f323031302f3030382f312f392f7363617265645f657965735f62795f7072696e63657373696e7468656461726b2e6a7067Siguiendo el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales en su versión IV-TR (DSM-IV-TR), la característica esencial del trastorno antisocial de la personalidad es un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás, que comienza en la infancia o en el principio de la adolescencia y continúa en la edad adulta.

Un criterio esencial es que la persona tenga 18 años y algunos síntomas de un trastorno disocial antes de los 15 años. Lo que lleva a plantear una de las grandes preguntas a la que todavía no se ha podido dar una respuesta certera cien por cien: ¿el psicópata nace o se hace?

Antes de los 15 años, la persona estaría llevando a cabo un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que se violan los derechos básicos de los demás o las principales reglas o normas sociales apropiadas para su edad. Los comportamientos característicos específicos forman parte de una de las siguientes cuatro categorías: agresión a la gente o los animales, destrucción de la propiedad, fraudes o hurtos, o violación grave de las normas.

El patrón de comportamiento antisocial persiste hasta la edad adulta, mostrando dificultad para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal. Pueden perpetrar repetidamente actos que son motivo de detención (pudiendo ésta producirse o no) como la destrucción de una propiedad, hostigar o robar a otros, o dedicarse a actividades ilegales. Desprecian los deseos, derechos o sentimientos de los demás. Frecuentemente, engañan y manipulan con tal de conseguir provecho o placer personales (p. ej., para obtener dinero, sexo o poder).

Pueden mentir repetidamente, utilizar un alias, estafar a otros o simular una enfermedad. Se puede poner de manifiesto un patrón de impulsividad mediante la incapacidad para planificar el futuro. Las decisiones se toman sin pensar, sin prevenir nada y sin tener en cuenta las consecuencias para uno mismo o para los demás, lo que puede ocasionar cambios repentinos de trabajo, de lugar de residencia o de amistades. También se pueden encontrar, sobre todo en la literatura y en el mundo del cine, aquellos que poco a poco van estableciendo un patrón de conducta, planificando, calculando cada paso… Un ejemplo de ello lo tenemos en la película “Se7en” (Seven, 1995).

Los sujetos con un trastorno antisocial de la personalidad tienden a ser irritables y agresivos y pueden tener peleas físicas repetidas o cometer actos de agresión (incluidos los malos tratos al cónyuge o a los niños). Estos individuos también muestran una despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás. Esto puede demostrarse en su forma de conducir (repetidos excesos de velocidad, conducir estando intoxicado, accidentes múltiples).

6880008149_9c3f6363e5_bTienden también a ser continua y extremadamente irresponsables; por ejemplo, en el trabajo, presentando períodos significativos de desempleo aun teniendo oportunidades de trabajar, o por el abandono de varios trabajos sin tener planes realistas para conseguir otro trabajo. También puede haber un patrón de absentismo no explicado por enfermedad del individuo o de un familiar. La irresponsabilidad económica viene indicada por actos como morosidad en las deudas y falta de mantenimiento de los hijos o de otras personas que dependen de ellos de forma habitual.

Generalmente presentan pocos remordimientos por las consecuencias de sus actos. Pueden ser indiferentes o dar justificaciones superficiales por haber ofendido, maltratado o robado a alguien (p. ej., «la vida es dura», «el que es perdedor es porque lo merece» o «de todas formas le hubiese ocurrido»). Estas personas pueden culpar a las víctimas por ser tontos, débiles o por merecer su mala suerte, pueden minimizar las consecuencias desagradables de sus actos o, simplemente, mostrar una completa indiferencia.

Frecuentemente carecen de empatía emocional (que no cognitiva) y tienden a ser insensibles, cínicos y a menospreciar los sentimientos, derechos y penalidades de los demás. Pueden tener un concepto de sí mismos engreído y arrogante (pensar que el trabajo normal no está a su altura, o no tener una preocupación realista por sus problemas actuales o futuros) y pueden ser excesivamente tercos, autosuficientes o fanfarrones.

Pueden mostrar labia y encanto superficial y ser muy volubles y de verbo fácil (p. ej., utilizan términos técnicos o una jerga que puede impresionar a alguien que no esté familiarizado con el tema). Algo que es muy socorrido en el mundo del cine para conquistar o atraer a la víctima. Estos sujetos también pueden ser irresponsables y explotadores en sus relaciones sexuales, teniendo una historia de muchos acompañantes sexuales y no haber tenido nunca una relación monógama duradera.

Estos individuos también pueden experimentar emociones de tristeza, ansiedad, irritabilidad, inquietud, incluidas quejas de tensión, incapacidad para tolerar el aburrimiento y estado de ánimo depresivo. Por lo que pueden presentar de forma asociada trastornos de ansiedad, trastornos depresivos, trastornos relacionados con sustancias, trastorno de somatización, juego patológico y otros trastornos del control de los impulsos.

No existe un trastorno antisocial de personalidad único, pues éste frecuentemente va asociado a otros rasgos de personalidad que podrán verse en los diferentes artículos que publicaremos en éste Especial, como trastornos límite, histriónico y narcisista.

Tratando de dar respuesta a la pregunta de si ‘un psicópata nace o se hace’, el DSM-IV-TR plantea que el maltrato o el abandono en la infancia, el comportamiento inestable o variable de los padres o la inconsistencia en la disciplina por parte de los padres aumentan las probabilidades de que un trastorno disocial (es decir, antes de los 15 años) evolucione hasta un trastorno antisocial de la personalidad.

En una familia que tiene un miembro con un trastorno antisocial de la personalidad, los varones suelen presentar más trastorno antisocial de la personalidad y trastornos relacionados con sustancias, en tanto que las mujeres presentan más a menudo trastornos de somatización. Sin embargo, en estas familias hay un aumento de la prevalencia de todos estos trastornos tanto en varones como en mujeres, en comparación con la población general.

guy-690510_640Los estudios de adopción indican que tanto los factores genéticos como los ambientales contribuyen al riesgo para este grupo de trastornos. Los hijos adoptivos y los biológicos de padres con trastorno antisocial de la personalidad tienen un riesgo elevado de presentar trastorno antisocial de la personalidad, trastorno de somatización y trastornos relacionados con sustancias. Los niños adoptados se parecen a sus padres biológicos más que a sus padres adoptivos, aunque el entorno de la familia de adopción influye en el riesgo de presentar un trastorno de la personalidad y la psicopatología relacionada.

Por definición, la personalidad antisocial no se puede diagnosticar antes de los 18 años, siendo mucho más frecuente en los varones que en las mujeres. La prevalencia total en las muestras de población general es aproximadamente del 3 % en los varones y del 1 % en las mujeres.

El trastorno antisocial de la personalidad tiene un curso crónico, pero puede hacerse menos manifiesto o remitir a medida que el sujeto se va haciendo mayor, especialmente hacia la cuarta década de la vida. Si bien esta remisión suele ser más clara por lo que respecta a involucrarse en comportamientos delictivos, es probable que se produzca un descenso en el espectro completo de comportamientos antisociales y de consumo de sustancias. El hecho de que una persona pueda llegar a ser diagnosticada de trastorno antisocial de la personalidad no quiere decir que vaya a cometer un acto de asesinato. Esa es una idea que la literatura y el cine han inculcado en la cultura colectiva. El hecho de convertirse en asesinos o en asesinos en serie es un paso que va más allá de lo planteado en éste artículo. Si bien es cierto que lo comentado anteriormente forma la base de la pirámide, la gran mayoría de las personas diagnosticadas de trastorno antisocial de la personalidad no llegan a convertirse en asesinos o asesinos en serie.


Bibliografía: AMERICAN PSYCHIATRIC ASSOCIATION (APA). (2000). DSM-IV-TR. Barcelona: Masson.

Breve Filmografía:

– LA NARANJA MECÁNICA (1975). Dir.: Stanley Kubrick.

– EL SILENCIO DE LOS CORDEROS (1991). Dir.: Jonathan Demme.

– CASINO (1995). Dir.: Martin Scorsese (personaje de Joe Pesci).

– SEVEN (1995). Dir.: David Fincher.

– AMERYCAN PSYCHO (2000). Dir.: Mary Harron.

– ÚLTIMA LLAMADA (2003). Dir.: Joel Schumacher.

– MONSTER (2003). Dir.: Patty Jenkins.

– NO ES PAÍS PARA VIEJOS (2007). Dir.: Joel Cohen, Ethan Coen (personaje de Javier Bardem).

– SIETE PSICÓPATAS (2013). Dir.: Martin McDonagh.

Escrito por Jorge Perpiñá González

Jorge Perpiñá González

.- Psicólogo General Sanitario en Consulta Privada (Valencia).
.- Máster Universitario en Psicología General Sanitaria por la Facultad de Psicología de la Universidad de Valencia.
.- En formación como Terapeuta Gestalt en el ITG Valencia.
.- Máster Sanitario de Práctica Clínica (Modalidad Intensificación Práctica), organizado y dirigido por la Asociación Española de Psicología Clínica Cognitivo Conductual (AEPCCC), la European Society of Psychology (ESP) y acreditado por la European Foundation of Psychology (EFP).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *