¿Tengo algún síntoma psicosomático?

En el presente artículo me gustaría presentaros algunos aspectos de la Medicina Psicosomática (disciplina cada vez más avalada por el colectivo de la salud) o, lo que es lo mismo, de la intervención psicoterapéutica o emocional como complemento para tratar determinados síntomas y dolores estructurales, considerando las posibles emociones inconscientes que pueden haber contribuido en su manifestación.

Uno de sus objetivos principales es el estudio del papel de los factores psicológicos, biológicos y sociales en la homeostasis del ser humano. Recordemos que la homeostasis es la propiedad de los organismos consistente en su capacidad de mantener una condición interna estable o equilibrio compensando los cambios en su entorno mediante el intercambio regulado de materia y energía con el exterior (metabolismo). Por ejemplo, la regulación de la presión arterial. El corazón puede detectar cambios en la presión arterial, lo que hace que envíe señales al cerebro, que luego envía señales que le dicen al corazón cómo debería responder. Si percibe que la presión arterial es demasiado alta, naturalmente el corazón debe disminuir la velocidad; mientras que si percibe que es demasiado baja, el corazón debe aumentarla.

Teniendo en cuenta que tanto la salud como la enfermedad son estados determinados por múltiples factores biológicos, psicológicos y sociales, podemos afirmar que la psicoterapia siempre será eficaz cuando los factores psicológicos estén contribuyendo, en gran medida, a la aparición, mantenimiento o exacerbación de una sintomatología o enfermedad dada en la persona. Para ello, es importante considerar las posibles emociones inconscientes y sus reacciones que la persona lleve en su “mochila de aprendizaje emocional”.

Por lo tanto, la Medicina Psicosomática nos dice que toda enfermedad es (como lo es la salud) biopsicosocial. Y, como afirma el profesor López Sánchez (Universidad de Granada), “La Medicina Psicosomática no es una especialidad médica, sino una necesaria actitud del clínico en general”. Desde aquí, por lo tanto, es importante conocer qué tipo de organización psíquica vuelve a la persona más vulnerable a la sintomatología o enfermedad.

Se considera dolor crónico aquel que persiste más de tres meses (Pedrajas y Molino, 2008). Bajo la calificación de dolor crónico se suelen englobar diversas patologías como lumbalgia, fibromialgia, artrosis y cefaleas, en las que la psicología actual está trabajando de forma importante para la determinación de los posibles factores psicológicos y emocionales implicados en su desarrollo, mantenimiento, cronificación, tratamiento y/o recuperación.

Un reciente estudio realizado sobre la prevalencia de dolor en Europa en el que se entrevistaron a más de 46.000 personas de 16 países, nos dice que el dolor crónico afecta a casi 1 de cada 5 europeos (19%). En España este porcentaje se sitúa en el 11% y la duración e intensidad del dolor es mayor que en el resto de los países (Breivik, Collett, Ventafridda, Cohen y Gallacher, 2006).

Desde mi punto de vista, es importante tener presente ante el dolor crónico una posible intervención desde la perspectiva psicosomática dirigida principalmente al inconsciente de la persona y sus posibles programas o patrones instaurados (pensamientos, sentimientos y/o conductas). Para ello, empiezan a coger protagonismo instrumentos como la terapia cognitivo-conductual, relajación, biofeedback, hipnosis ericksoniana, técnicas operantes, terapia de aceptación y compromiso, mindfulness, coaching esencial, escritura emocional, etc.

En definitiva, los posibles factores y mecanismos psicosomáticos tienen un componente mental asociado a uno fisiológico que están unidos y “comunicándose” desde el cerebro hasta sus efectos o señales en el cuerpo (sintomatología, dolor,…) con unas posibles causas o consecuencias de tipo psicológico. Y mediante esta comunicación, mente y cuerpo están funcionando y cooperando con un propósito de adaptación al entorno actual de la persona. Tal vez pueda ser interesante preguntarse:

¿Qué me impide hacer el dolor? ¿De qué me sirve el síntoma? ¿Me está amenazando, o tal vez me quiere proteger?

Asimismo, yo me pregunto; ¿Realmente existe una medicina No psicosomática?

Para finalizar, te invito a que te vuelvas a plantear la cuestión del principio y sentir si puedes tener alguna sintomatología psicosomática. Y recuerda que …

 

Pedrajas, J. M. y Molino, A. M. (2008). Bases neuromédicas del dolor. Clínica y Salud, 19, 277-294.

Breivik, H., Collett B., Ventafridda, V., Cohen, R. y Gallacher, A. (2006). Survey of chronic pain in Europe: prevalence, impact on daily life, and treatment. European Journal of Pain, 10,287-333.

Escrito por xavi martí

xavi martí

Psicólogo, Kinesiólogo educativo y Coach personal

Psicólogo colegiado, con orientación cognitivo-conductual, humanista, constructivista y mindfulness.
Experto en Medicina Psicosomática. Sociedad Española de Medicina Psicosomática y Psicoterapia (avalado por los Colegios Oficiales de Psicólogos y Médicos de Madrid).
Asesor técnico en Kinesiología Psicoenergética, Instructor autorizado de Brain Gym® (Kinesiología Educativa).
Coach certificado por Essential Institute (alineado con los criterios de certificación de la ICF).
Curso CP-1 en BioNeuroEmoción (Biodescodificación), por el Instituto Español de BioNeuroEmoción (ieBNE).

Y sobre todo, padre de familia !!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *