Soberbia

La soberbia es considerada comúnmente como el más grave de los pecados y el que dio origen al resto de ellos. Según la teología católica surgió en el momento en que Adán y Eva, queriendo satisfacer su natural curiosidad, mordieron el fruto prohibido del árbol del conocimiento. De esta forma el acto de rebeldía contra la ignorancia a la que eran sometidos los humanos les condenó a la expulsión del Edén y les sentenció a vivir en un mundo imperfecto. Según la interpretación y el consenso al que llegaron muchos teóricos del catolicismo este fue el pecado original: la desobediencia a Dios por el hecho de querer saber más, de no permanecer en un estado de sumisión e ignorancia.

El discurso habitual de los estamentos católicos respecto a la soberbia consiste en definirla como amarse a si mismo más que a los demás y más incluso que a Dios lo cual conduce a creerse superior a los demás. También incluyen en esta categoría la Vanagloria que consistiría en el deseo de fama, prestigio, aprobación y admiración de los otros.

El pecado de la soberbia es una categoría tan amplia, como pueden ver, que engloba en el mismo saco desde una autoestima saludable hasta rasgos de narcisismo, estableciendo una relación de causalidad. La diferencia entre estos dos conceptos es más bien cuantitativa y es muy importante remarcarla. Imaginemos a groso modo una línea recta en la cual el punto de inicio sería 0 autoestima, una gran infravaloración de uno mismo, el punto 50 podría ser una autoestima adecuada y saludable y el punto 100 sería el trastorno narcisista de la personalidad.

El trastorno narcisista de la personalidad sí que cuadraría con la concepción popular de la palabra soberbia puesto que se caracteriza por los siguientes criterios según el manual diagnóstico DSM V:Dr__House_by_mcvirria

“Un patrón general de grandiosidad (en la imaginación o en el comportamiento), una necesidad de admiración y una falta de empatía, que empiezan al principio de la edad adulta y que se dan en diversos contextos como lo indican cinco (o más) de los siguientes ítems:

  1. tiene un grandioso sentido de autoimportancia (p. ej., exagera los logros y capacidades, espera ser reconocido como superior, sin unos logros proporcionados). 2. está preocupado por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza o amor imaginarios. 3. cree que es “especial” y único y que sólo puede ser comprendido por, o sólo puede relacionarse con otras personas (o instituciones) que son especiales o de alto status. 4. exige una admiración excesiva. 5. es muy pretencioso, por ejemplo, expectativas irrazonables de recibir un trato de favor especial o de que se cumplan automáticamente sus expectativas. 6. es interpersonalmente explotador, por ejemplo, saca provecho de los demás para alcanzar sus propias metas. 7. carece de empatía: es reacio a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás. 8. frecuentemente envidia a los demás o cree que los demás le envidian a él. 9. presenta comportamientos o actitudes arrogantes o soberbios.”

El narcisismo es el amor propio llevado al extremo. Algunas teorías apuntan que podría tener su origen, entre otras cosas, en ciertos patrones educativos familiares. Estos consistirían en no darle el reconocimiento e importancia que demanda el hijo o hija, provocando una sensación de desvaloración. En algunas personas este tipo de experiencia generaría un estilo de personalidad narcisista para suplir la carencia afectiva reafirmándose ellas mismas como personas y buscando el reconocimiento externo con una actitud más bien arrogante.

Al equiparar los rasgos del narcisismo con una autoestima sana y natural en el pecado de la Soberbia,  esta última queda estigmatizada, desaparece la posibilidad de quererse a uno mismo en primer lugar porque este hecho  implica amarse más que a Dios y eso damas y caballeros nos convierte en pecadores y nos acerca al Diablo. Esta es la perversión de las dicotomías, del blanco o el negro.

cara 3Por norma general la mayoría de religiones demonizan o menoscaban el amor hacia uno mismo en detrimento a la devoción completa hacia la entidad espiritual y/o líder a los que se rinden culto. Llegan a utilizar una virtud como la humildad como un arma contra la autoestima: sé cuánto más humilde mejor, no quieras destacar, no cuestiones, obedece. Y es que no nos engañemos, históricamente se han utilizado estos argumentos disfrazados de moralidad como herramienta de control social, buscando domesticar a las masas con confusos, e incluso diría delirantes, dictámenes morales, pretendiendo criar dóciles corderitos al servicio de la doctrina del poder.

Que no nos confundan con retóricas demagógicas cuidadosamente estudiadas, amarse a uno mismo es un factor de vital importancia para la salud mental de todos. La autoestima es la base de la estructura para una psique saludable, para poder construir una personalidad equilibrada y una vida adecuada en la que desarrollarla.

Asimismo el hecho que una persona presente rasgos de narcisismo no la convierte en una pecadora, si es que el concepto de pecado tiene alguna validez actualmente, pues suficiente condena debe ser vivir en una burbuja de irrealidad toda la vida tratando de mantener su integridad personal intacta bajo su máscara de éxito y provocar rechazo en los demás a causa de la imagen de prepotencia que desprenden debido a su autoconcepción de grandiosidad.

Es conveniente discernir los matices que se esconden tras las cortinas de humo de vacua moralidad que utilizan los estamentos de poder, directrices laberínticas que lo único que fomentan es la censura, la represión y por encima de todo el control social. El diablo está en los detalles.

Escrito por Adrià Gilabert

Adrià Gilabert

Licenciado en psicología en la Universitat Autònoma de Barcelona, máster de Práctica Clínica en la fundación AEPCCC, Máster de Conducción de Grupos Universitat de Barcelona.

Llevo a cabo psicoterapia individual por cuenta propia, en el centro UAP de Barcelona y en el Centre Mèdic Mollet.

También trabajo con grupos en los ámbitos clínico, social y formativo.

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