¿Adónde lleva el sexo amistoso? (II)

mirada romanticaComo ya comenté en mi artículo anterior “¿Adónde lleva el sexo amistoso? (I)”, la amistad un hombre y una mujer unida a la atracción física, puede llevar a innumerables posibilidades en el desarrollo de la relación. Teniendo en cuenta que, en la gran mayoría de los casos, el punto de inflexión para pasar de una relación amistosa exenta de sexo a una en la que si lo incluya se sitúa en la unión entre la necesidad de satisfacción sexual en la que se encuentra la pareja de amigos y la desinhibición provocada por la confianza, la seguridad y la sinceridad compartida o, en algunos casos, el alcohol; podemos asumir que este comienzo no se aleja demasiado del de cualquier otra relación de pareja y que por tanto, tiene las mismas posibilidades de triunfar o fracasar como el resto.

Partiendo de esta base, y observando los comportamientos de la sociedad actual en la que cada vez se otorga más importancia al disfrute personal y menos a la estabilidad temporal de la pareja, debemos admitir que una relación cuyos pilares fundamentales se basan en la confianza, el respeto mutuo, la diversión, la independencia, el acuerdo y la negociación en la toma de decisiones, tiene las de ganar. Me refiero a que, a pesar de todo el planteamiento inicial sobre “¿qué pasará si sale mal?” y el riesgo de perder un amigo, se construye la posibilidad de ganar grandes momentos con una persona que ya ha compartido contigo la mayoría de situaciones fundamentales en una pareja sin la presión de planteárselo como tal. La distensión creada por la amistad, unida con la pasión y el desentendimiento de cumplir con las obligaciones del noviazgo ensalzan los valores de la amistad a un grado en el que el sexo tiene más comunicación y, por tanto, más gozo, dejando relegados los problemas surgidos por el desconocimiento de las sensaciones que se no se transmiten por temor a ser “dejado” ya que, en este caso, no hay nada que dejar. Se habla más claramente y se llega a las conclusiones de manera más eficiente, por tanto, se aprovecha más el tiempo común en actividades positivas (en las que ahora se incluye el sexo) que en discusiones o exigencias y se tolera más por la voluntad común de seguir en una situación tan gratificante.

Couple_01El enemigo de estas situaciones, como ya subrayé, es la duda que puede surgir sobre el enamoramiento y sobre como expresarla si es que aparece. Pero a pesar de ello, hemos de seguir dándole valor a lo experimentado y aprender a conocernos para no dudar en algo que hemos elegido empezar y que si cambia de perspectiva o sale mal no deja de ser una situación enriquecedora para los participantes. Cada momento vivido con un amigo es algo memorable y no por incluir sexo en esos momentos ha de ser valorado desde otra perspectiva. Cuando se establecen normas implícitas en un juego o en una charla, la confianza y el cachondeo nos dan permiso para romperlas sin maldad a veces; cuando se atribuyen a un nuevo registro sexual, también actuaremos de igual manera: solo tenemos que acordarnos que es nuestro amigo y confidente el que nos juzga por romperlas y mantener esa cualidad para entenderlo, asumirlo y dejarlo pasar.

A la conclusión a la que pretendo llegar es que, sentando las expectativas y manteniendo constantes las cualidades de la amistad, se puede conseguir entrar y salir de una relación de follamigos sea cual sea la confusión creada por cualquiera de los participantes y sin consecuencias devastadoras para ninguno. Y por ende, también puede conseguirse un cambio en el nivel de relación convirtiéndose en una de pareja afianzada, en la que los dos sean conscientes del cambio. La no sincronización de los deseos de ambos tanto para cambiar de nivel, como para mantenerlo o romperlo definitivamente se deberían entender como una crisis entre amigos en la que uno no esta de acuerdo con el otro y terminan por ceder hacia la opinión que menos perjudica a los dos, asumiendo que es la mejor decisión que pueden tomar para no perder lo que tanto tiempo ha costado construir y que los dos, en íntimo silencio, temen perder: la amistad.

Escrito por David Pérez Borge

David Pérez Borge

Psicólogo con formación cognitivo conductual.
Sexólogo y Terapeuta de pareja.
Terapeuta familiar sistémico.
Consulta en Barcelona, Sabadell y Santa Coloma.

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