Quod me nutrit, me destruit

Cualquiera de las personas que esté leyendo esto tiene un nivel de conocimiento sobre internet básico. Cualquiera puede acceder a ciertos tipos de información que están al alcance de millones de personas. Muchas veces esa información puede ayudar a alguien y en el caso que nos ocupa, destruirla.

Contextualizando un poco el problema, si ponemos en google palabras como ‘’pro-ana’’ y ‘’pro-mía’’ nos salen millones de blogs y webs con información a favor de la anorexia y la bulímia. Estas webs o blogs son administradas por adolescentes alrededor del mundo con información (muchas veces aberrante) sobre estas enfermedades.

¿Cómo usan las adolescentes esta herramienta para hablar de su enfermedad?. No y no es solo eso. ¿Cómo les ayuda publicar esta información de manera tan liberal?. La libertad de expresión es un derecho fundamental humano hasta que los límites de tu expresión chocan con las ideas de otro creando día tras día jóvenes con problemas alimentarios.

Denominadas princesas y en su mayorías mujeres cometen el curioso ‘’error’’ de llamar amiga a su enfermedad. Para ellas el hecho de tener anorexia les ayudará a tener un cuerpo mejor y a estar más delgadas y por ello ser más felices. Cuelgan fotos de gente con unos quilos de más diciendo ‘’si no puedes controlar tus ganas de comer te convertirás en una preciosa…ballena’’. Otro consejo principal es comprarse unas tallas menos de ropa para empezar a verse mal, así cuando la ropa te entra te sientes completa. Este es uno de sus métodos para motivarse (entre muchos otros). También es curioso las carreras de kilos que organizan para ver quién pierde más en menos tiempo.

Uno de los únicos puntos buenos, es el apoyo que hay. Obviamente cabe resaltar que es un apoyo de enfermedad (estarás más guapa, no te rindas, sólo unos kilos más…) incluso cuando recaen en los atracones. Atracones, palabra que cabe matizar porque están promoviendo unas dietas de 200 kcal diarias.

Hasta dónde he podido (y querido) observar se dan consejos sobre cómo esconderse de los padres y de los amigos, los mejores alimentos para no engordarse, los litros de agua que necesitan beber, imágenes sobre mujeres delgadas o prototipo (thinspiration). Pero aún y así, eso no es lo más preocupante. Lo peor de todo esto es la expresión de sentimiento de vacío que tienen muchas adolescentes. Las palabras ‘’autolesión’’ o ‘’no quiero vivir’’ de manera gratuíta por internet siendo leídas día tras día por otras adolescentes. Crean ‘’tips’’ o consejos sobre cómo mitigar el dolor interno a través de los cortes o las lesiones. Incluso he podido leer consejos para suicidarse.

Una de las cosas más importantes aquí es la expresión en las redes sociales masificadas. He podido encontrar más de 100 blogs dando este tipo de información y sobretodo fotos y vídeos promoviendo la enfermedad. Encontré incluso un discurso sobre porqué eran así. Referenciando dicho discurso ellas promueven que es un estilo de vida, que no hacen daño a nadie, que eso les hace felices y que pueden controlarlo. Sólo cabe decir que no son más que mentiras. He podido ver la desgracia de estas chicas y el hambre en sus ojos por conseguir un cuerpo al que nunca llegan. Siempre hay un quilo de más, siempre necesitan un mayor control.

Incluso llegué a encontrar un diario en Instagram de una chica que acabó suicidándose por su anorexia. Las fotos eran demasiado gráficas y los comentarios eran demasiado reales. Ni todos sus seguidores ni todas las personas de su alrededor fueron suficientes. Entonces ¿qué les impide a ellas mismas ver lo que hacen con esta práctica?. Presumen con elegancia todos los años que llevan enfermas, como si fuese un premio llevar 8 o 9 años intentando adelgazarse.

Y no sólo son blogs, Instagram, Facebook u otras redes sociales que pueden usar para comunicarse y expresarse. Hay aplicaciones creadas para contar las calorías que consumen diariamente y las calorías que contiene cada alimento para llevarlo más a ralla. Parece que todos los avances que hacemos tecnológicamente hablando son un avance en muchos sentidos y un retroceso en otros.

Después de todo esto, lo único que nos queda es pensar en el poder de las redes sociales y la influencia que tienen sobre las nuevas generaciones. El poder que les están dando para poder comunicarse y llegar a cualquier parte del mundo hasta que punto es bueno y hasta qué punto los puede acabar destruyendo.

Para terminar, me gustaría destacar que no critico para nada el avance que se ha hecho tecnológicamente, sólo quiero establecer un punto de corte entre lo que debería (desde mi opinión) permitirse en internet y a quién se lo hacemos llegar.

Escrito por Cristina Pérez

Cristina Pérez

Graduada en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona con mención en clínica de adultos. Experiencia con pacientes con TCA y Hospital de Día.

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