Quererse bien y quererse mucho

El último artículo que publiqué hablaba un poco sobre la operación bikini y los riesgos sobre estas dietas y estas obsesiones en la salud mental de las personas. En menor o mayor medida lo que piensan los demás nos afecta de una manera u otra. Hay personas que genética-ambientalmente están predestinadas a una respuesta de ‘por aquí me entra y por aquí me sale’ y hay otras personas que son más de una respuesta más negativa ‘tiene razón, me he equivocado’.

¿De dónde provienen estos tipos de autoestimas? Seguramente es una combinación de nuestro material genético, nuestra educación y las experiencias que nos han ocurrido durante la vida en mayor o menor medida.

Junto con la autoestima se relacionan el optimismo y el autocontrol. Estos tres recursos psicológicos ayudan a amortiguar efectos nocivos del estrés y problemas de salud mental (ansiedad, depresión, entre otros). Están muy relacionados entre sí y cuando funcionan de manera óptima pueden ayudar a disminuir el efecto de ciertas enfermedades mentales o incluso evitarlas.

Biológicamente según un estudio de la UCLA (Universidad de California, Los Ángeles) este factor se ha relacionado con un gen receptor de la oxitocina (hormona del amor) dado que esta mejora la respuesta al estrés y se asocia con las habilidades sociales. Esta hormona (explicada con más detalle en otro artículo) se encarga de factores ‘amorosos’ y crea vínculos de pareja, familias y el más importante el vínculo amoroso madre-hijo.

Este gen esta compuesto de dos alelos : A (adenina) y G (guanina). Según el estudio los portadores del alelo A son personas con bajo optimismo, autocontrol y autoestima mostrando mayor susceptibilidad a sufrir depresión. Por otro lado, los portadores del alelo G, son todo lo contrario, alto optimismo, autocontrol y alta autoestima formando así el factor protector.

Otros estudios apuntan que las personas con la variante A del gen receptor de la oxcitocina tienen mayor susceptibilidad al estrés, pobres habilidades sociales y tenían peores resultados en salud mental. Estas teorías apoyan el hecho de que muchas familias tengan antecedentes de depresión y ansiedad que transmitan de generación en generación. Obviamente, no sólo es causa de este gen, si no de muchos otros pero el hecho de tener un alelo u otro predispone o protege de poder sufrir estos problemas mentales.

El papel ambiental esta claramente definido. Puede ser que una persona con el alelo A de este gen (predispuesto) tenga experiencias vitales estresantes (EVE) y como resultado tenga una baja autoestima, autocontrol y bajas habilidades sociales. Por lo tanto, esta persona esta predispuesta a sufrir enfermedades mentales como la depresión. Por otro lado, puede ser que la persona tenga el mismo alelo (en este caso, A) pero no haya desarrollado la patología porque los EVE no son suficientemente relevantes o porque no ha sufrido ninguno, entonces habrá menos posibilidades de no desarrollar de manera óptima estos recursos y de sufrir patologías mentales.

El factor protector del alelo G no es infinito, es decir, si una persona con este factor protector experimenta muchos EVE quizá desarrolle las patologías aunque no esté predispuesto genéticamente.

Por lo tanto, cabe destacar que cada persona tiene un nivel determinado de sensibilidad genética y que prácticamente es una especie de lotería. Según como estamos formados genéticamente y de cómo nuestro ambiente se desarrolla resulta nuestra personalidad y nuestra vida. Es un 50-50 (en este caso) por lo tanto, es importante tener en cuenta la base de la persona ante un posible tratamiento de autoestima. Hay que tener en cuenta si esa persona parte de una personalidad base estable o ha tenido problemas desde la infancia. El tratamiento en estos casos varía significativamente.

Estas personas que sufren por ejemplo, trastornos alimentarios podrían tener el alelo A y por lo tanto si son rellenitas genéticamente o de caderas anchas derivar en un trastorno de la imagen personal o quizá no, si el ambiente es protector quizá aunque este más predispuesto quizá no la desarrolle.

Hay que quererse bien y mucho para ayudar un poco a nuestra genética a contrarrestar estos efectos.

 

Fuentes : 

Diario La Tercera (Artículo 2011)

La Psicología de la Autoestima (Nathaniel Branden, 2001) Ed Paidós

 

Fotografía : Pixabay

 

Escrito por Cristina Pérez

Cristina Pérez

Graduada en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona con mención en clínica de adultos. Experiencia con pacientes con TCA y Hospital de Día.

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