Provocando estados de ánimo

Hace unos años se iniciaron varias investigaciones para examinar  como nuestro cuerpo puede condicionar nuestros estados anímicos. Desde hace tiempo se sabe que un estado anímico bajo provoca cambios a nivel corporal: hombros caídos, cabeza baja, lentitud motora, además de otra sintomatología relacionada con la tristeza. Así pues, igual que nuestra mente condiciona nuestro cuerpo, ¿nuestro cuerpo puede condicionar nuestra mente?

Hace décadas, Charles Darwin y Williams James plantearon una particular teoría de las emociones en la que las expresiones faciales podrían retroalimentar al cerebro. Más recientemente, el sr Wiseman en su libro “59 segundos”, nos ofrece un ejercicio donde  la sonrisa mantenida durante unos segundos nos permitirá sentirnos bien, o si más no, engañar a nuestro cerebro haciéndole ver que estamos mejor de lo que él piensa.

AL NO PODERAdemás de estos curiosos datos, veo conveniente mencionar una muy interesante investigación realizada en Estados Unidos, mediante el implante de Botox a pacientes con depresión aguda. A la mitad de ellos se implantó esta toxina en los músculos encargados de fruncir el ceño, a la otra mitad en cambio se les implantó un placebo. Seis semanas más tarde, vieron como al primer grupo, por la imposibilidad de fruncir el ceño, se consiguió reducir un 47%, la sintomatología depresiva, a diferencia del efecto placebo del otro grupo, que hubo una una reducción del 22%. Dicho esto, nuestra mente, al no fruncir el ceño durante al menos ese tiempo, era incapaz de evocar el estado al cual estaba acostumbrado tiempo atrás. En definitiva, si no fruncimos el ceño, no tenemos porqué estar tristes o enfadados, de ahí la hipotética y sorprendente mejora.

Desde otras corrientes también se ha teorizado sobre la posibilidad que no solo nuestras expresiones faciales pueden condicionar nuestro estado emocional. Levantar la cabeza, colocar los hombros hacía atrás y caminar como si fuéramos a comernos el mundo también manda un feedback positivo a nuestra mente.  De todo esto, mantener la mirada hacia arriba nos lleva al área más visual, donde recordamos o creamos imágenes, visualizamos lo queNO SOLO haremos, como lo haremos, etc, a diferencia de dirigir la mirada hacía abajo, donde nos centramos en las sensaciones y curiosamente, en nuestro dialogo interno, el cual muchas veces nos enreda en un mar de pensamientos que dan pie a otros y otros, desgastándonos. De ello, la Programación Neurolingüistica se ha beneficiado para calibrar mediante las diferentes técnicas qué estados ha evocado la persona y valorar si hay cambios después de una intervención. Por lo tanto, ¿no podría ocurrir lo mismo como vaticinaba Darwin con las expresiones faciales?

Muchas otras teorías podrían proporcionarnos más información. Pienso que como todo, podemos hacernos una ligera idea de cómo funciona y creerlo o simplemente, verlo como una curiosidad y pasar de largo hacía otro artículo o quehacer. Opino que lo fundamental es ponerlo a prueba, puesto que la propia experiencia es la que de verdad nos genera sabiduría  y nos ofrece herramientas para poder utilizar cuando creamos oportuno.

Por lo que sonreír durante un minuto (como mínimo), levantar la cabeza y proyectar una actitud ganadora rebosante de felicidad puede hacer por suerte o por desgracia, acabar consiguiendo este estado de una manera sencilla, más de lo que pensamos a simple vista.

foto revista insight

Escrito por Hector

Hector

Psicólogo formado en terapia Cognitivo-Conductual, PNL y Terapia breve
Consulta en Sabadell, Sant Cugat y Barcelona

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