¿Porqué no me haces caso?

Después del verano suele hacerse un balance de muchas cosas como por ejemplo las fotografías tomadas en estas vacaciones. Por ejemplo, una fotografía de las vacaciones en familia. ¿Y qué pasa cuando esa fotografía se rompe?

En la teórica sobre los trastornos alimentarios las causas pueden ser muchas y muy diversas, sobretodo dependiendo del paciente, de su sexo y edad. Normalmente afecta más a mujeres en la pubertad o adolescencia que a los hombres o mujeres de la edad adulta. Descubrir el porqué afecta puede ser una árdua tarea dada la complejidad de la que hablamos.

En este articulo me gustaría ampliar una de las  causas de trastornos alimentarios más comunes en población adolescente: divorcios y separaciones. Hablar un poco más profundamente sobre los factores familiares que pueden desencadenar estos trastornos y cómo intentar que nuestros hijos tengan unas buenas estrategias para afrontar estas situaciones.

En la práctica clínica he podido observar cómo chicas adolescentes hacían referencia a la separación de sus padres como fecha de inicio de su trastorno. Esto puede ser por dos motivos esenciales: culpabilidad / reproche o castigo. En el primer caso, los adolescentes se sienten culpables de la separación de sus padres dado que quizá no lo entienden y se auto-castigan colocándose como verdugos e instigadores en esa situación. En el segundo caso ejercen como soberanos castigando a sus padres por esta nueva situación. En este caso (y cómo he comentado en otros artículos) el hecho de que los padres sean mujer y hombre en vez de papá y mamá desencadena una llamada extrema de atención por parte del adolescente. Esta, de entre las dos, puede ser la más peligrosa porque no sólo afecta al auto-concepto del paciente si no que ejerce como controlador el mismo egoísmo personal. Personalmente he podido oír frases cómo ”están demasiado ocupados con sus vidas para ver lo que me está pasando”.

Muchos padres se interesan y abandonan rápidamente su vida para centrarse en los problemas de su hijo. Esto representa una ganancia para el paciente dado que consigue lo que quiere, le hacen caso y sus padres pasan más tiempo juntos para solucionarlo. Entonces ¿qué aprenden?. Empeoran el trastorno y con eso aumenta la atención que se recibe ya sea estar acompañados las 24 horas del día, tener a los progenitores más tiempo en casa y menos pendientes del trabajo y sobretodo de su nueva condición civil y vidas privadas. Otros padres, no acuden de inmediato porque la alerta no es tan evidente y aquí puede ser que el adolescente la abandone o por el contrario la interiorice aún más.

Estas severas llamadas de atención (dado que son llevadas a un extremo) pueden evitarse en algunas ocasiones hablando con ellos antes de la separación y dejando claros los motivos y la manera de actuar. Es muy importante acudir a un profesional cuando las cosas no funcionen de manera óptima e intentar hablar con ellos ante cualquier dificultad. Hay que aprender a tratarlo como un (casi) adulto, dado que es eso en lo que se convertirá y dejarlo de tratarlo como un niño. Eliminar cualquier sentimiento de culpa es esencial para que el niño entienda que es algo que hay que asumir. Hay que tener en cuenta que se esta formando como persona mayor y que ya puede ser capaz de tener voz y voto en según que decisiones. Muchas veces, la separación no es de manera amistosa y por lo tanto hay que evitar que los hijos estén por el medio. De esta manera (y con muchas otras herramientas) nuestros hijos no verán la separación como algo malo, si no que lo entenderán disminuyendo así la posibilidad de sufrir trastornos de este o de otro tipo.

La frase exacta que una vez escuché fué ”Hago esto para que dejen de centrarse en sus vidas privadas y se centren un poco más en mí”. Y realmente estaba en lo cierto, a veces nos olvidamos de los que más sufren y de las personas que peores lo pasan por estar demasiado centrados en nosotros. Por lo tanto, tener una buena comunicación con los hijos es una herramienta fundamental para disminuir el impacto de este tipo de trastornos.

Imagen: Deviantart.

Escrito por Cristina Pérez

Cristina Pérez

Graduada en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona con mención en clínica de adultos. Experiencia con pacientes con TCA y Hospital de Día.

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