Poder, Dominación y Rebeldía

“Emancipate yourselves from mental slavery, none but ourselves can free our minds”

Bob Marley

 

 

El poder político, económico y social a menudo conlleva la tentación del control y la dominación, de la perpetuación del estatus y la grandilocuencia. Aquéllos que han tenido cargos importantes reconocen la sensación electrizante y adictiva que produce. Asimismo la percepción de dominación y abuso puede provocar una reacción de insubordinación y rebeldía frente a las injusticias y el nuevo despotismo vigente.

La concepción del poder que tienen la mayoría de personas consiste en la condición de la que disponen ciertas élites o grupos de personas privilegiadas de  establecer, condicionar y dirigir decisiones y normas que rigen las pautas de los sistemas políticos, económicos y sociales y que acaban determinando en definitiva el tipo de vida que pueden llegar a tener las personas de un sistema en concreto.

El concepto del poder referido a este ámbito tiene un tinte profundamente oscuro y reluciente, produce rechazo y a la vez atracción, y para aquéllas personas que lo ansían con devoción se puede convertir en una potente droga. Y es que un gran poder conlleva una gran responsabilidad, en las manos inadecuadas puede convertirse en un instrumento perverso de dominación. Incluso en aquéllas personas con una vocación más puramente enfocada al servicio comunitario, al trabajo por una sociedad y un mundo mejores, pueden acabar sucumbiendo a las prácticas de cariz más corrupto o de condición moralmente reprobable.

Si bien es obvio que hay muchas personas en cargos de responsabilidad con una gran integridad y vocación constructiva, es más llamativa y alarmante la abundancia de personas en puestos de poder en estamentos económicos y políticos de relevancia que presentan marcados rasgos de personalidad psicopática (o sociopática) y narcisista. Rasgos y perfiles de personalidad característicos generalmente por su frialdad emocional, manipulación interpersonal en beneficio propio. Un ejemplo podrían ser algunos dirigentes de empresas del mercado bursátil, altos ejecutivos, directivos de banca, innumerables políticos… Un conjunto de personas de poder relevante cuyas decisiones lamentablemente pueden influir de forma determinante en el devenir de una sociedad.

El hecho de que por norma general sea este tipo de personas quienes ocupan cargos altamente influyentes puede deberse en parte a que presentan los rasgos de personalidad de ambición, frialdad y falta de escrúpulos que les permiten escalar posiciones en la sociedad. También puede deberse en parte a que hemos permitido que se erigiera un mundo con un funcionamiento y normas acordes con este tipo de mentalidad, puro darwinismo social. (o quizás éstas personas han conseguido erigir este mundo gracias a su concepción moral y ética más diluida que les ha permitido pasar por encima de la voluntad de los demás)

En todo caso  que no nos invada la desesperanza y el desamparo, que los árboles no nos impidan ver el bosque. No hay nada inmutable ni eterno y un simple cambio de concepción de las posibilidades de cambio y del poder puede desencadenar el inicio de la transformación del sistema.REVOLUTION

Power to the People cantaba John Lennon. Es urgente huir del conformismo y de la indefensión que nos han intentado inducir desde las altas esferas políticas. El poder está donde la gente cree que está. La gente debe tener, y tiene de hecho, el poder de decidir, de cambiar las normas y patrones que rigen el sistema, porque el sistema, el engranaje de un estado debe ser un mecanismo al servicio del pueblo, y no un monstruo voraz y despótico, controlado por pocas personas, que subyugue y esclavice a la mayoría de la sociedad.

 Frente al impulso de dominación sólo hay dos respuestas: sumisión o rebeldía.

Las personas que controlan los sistemas político-sociales temen perder el poder absoluto que poseen e intentan infundir miedo en los humildes humanos que tratamos de sobrevivir y vivir de la manera que podemos y, que hemos descubierto que tenemos la capacidad de cambiar las cosas, de volver a equilibrar la balanza, de recuperar el poder no como un fin sino como un instrumento de cambio. El miedo es una poderosa arma de control social con la que han conseguido mantener aletargadas y obedientes a las masas durante demasiado tiempo, pero a medida que cada vez hay más gente sin nada que perder el miedo desaparece.

Urge el valor frente a la desesperanza. No hay salto sin sensación de vértigo ni posibilidad de cambio sin voluntad de intentarlo. No hay libertad personal posible sin un cambio  estructural que no limite, segregue y condene a la estratificación social que vivimos en el presente, la asfixia sistémica que impera en el régimen presente.

Una vez las personas abren los ojos y se descubren como peones en un tablero de ajedrez sólo tienen dos movimientos posibles: Sumisión o Rebeldía.

Escrito por Adrià Gilabert

Adrià Gilabert

Licenciado en psicología en la Universitat Autònoma de Barcelona, máster de Práctica Clínica en la fundación AEPCCC, Máster de Conducción de Grupos Universitat de Barcelona.

Llevo a cabo psicoterapia individual por cuenta propia, en el centro UAP de Barcelona y en el Centre Mèdic Mollet.

También trabajo con grupos en los ámbitos clínico, social y formativo.

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