Pequeños pasos para las personas. Grandes pasos para la Sociedad

Quedan apenas cinco días para Navidad, los ornamentos y trabajados juegos de luces iluminan y colorean las calles y suenan canciones navideñas (más o menos soportables) en todos los rincones. Desde hace demasiados años también, como analizó nuestra compañera Rosa en el artículo “¿anuncios de navidad o mentiras?”  los medios de comunicación nos saturan y persuaden tratando de infundirnos una fiebre de consumismo compulsivo disfrazado de un absolutamente desvirtuado y pervertido espíritu navideño. Un espíritu navideño, si es que este concepto más digno del cuento de Dickens tiene alguna validez, que se refiere en su origen a estrechar los lazos con los seres más queridos y potenciar el altruismo y generosidad con aquellos que menos tienen o que pasan una situación más complicada que nosotros.

hands1Más allá del supuesto aumento de la generosidad y altruismo relacionado con las fiestas navideñas, la situación de crisis económica profunda que hace siete años estamos padeciendo y el sufrimiento consecuente de una ingente cantidad de personas, han conseguido despertar en gran medida la conciencia colectiva y la empatía social entre las personas de nuestra sociedad, indignada por la desgarradora realidad que las políticas económicas globales han generado y dispuesta a cooperar y trabajar para no abandonar y dejar caer a aquéllos que han quedado más desamparados.

En este sentido cada día vemos como el glorioso tejido asociativo de nuestra sociedad, lleva a cabo infinidad de iniciativas comunitarias para mantener a flote a aquellas personas que están en riesgo de exclusión social o en situaciones de una pobreza tan atroz que debería como mínimo estremecer de culpabilidad a los desalmados gobernantes, si tuvieran una mente psicológicamente saludable y empática, que nos han conducido premeditada e impunemente a esta situación.

De entre toda esta red solidaria y cooperativa podemos encontrar entidades más conocidas y mediáticas como la PAH, Cáritas, Cruz Roja, Intermon Oxfam, Safe the Children y otras más minoritarias y desconocidas, pero igual de honorables, como pequeñas asambleas de vecinos que trabajan incansablemente para apoyar a las personas de su comunidad. Pero más allá de los nombres, siglas o imagen de las diferentes organizaciones no hay que olvidar que el titánico trabajo humanitario llevado a cabo lo realizan personas, tanto dentro como fuera de estas organizaciones, seres humanos cuya fuerza de voluntad e implicación tratan de hacer de este mundo un lugar mejor.

Aunque algunos puedan ver cínicamente este artículo como un cuento idílico igual que las postales navideñas, desde mi punto de vista es el quid de la cuestión respecto a los seres humanos como especie: nuestro potencial para apoyarnos, nuestra capacidad para ser empáticos, generosos o colaborativos con los demás, nuestra capacidad de querer y tratar con dignidad a las demás personas que comparten con nosotros este pequeño planeta azul. Hay quienes creemos en el potencial de los actos altruistas para generar una bola de nieve social, una cadena de favores de positividad.

El atroz régimen capitalista instaurado, aparte de asfixiar a la población que humildemente trata de vivir y sobrevivir con rentas medias, bajas o inexistentes, ha intentado untitledconvencernos sobre la cultura del individualismo como herramienta de supervivencia, el “darwinismo social”, la ley del más fuerte y otros conceptos vomitivos para justificar su doctrina política y económica. Sin embargo, las innumerables iniciativas comunitarias solidarias que en este momento se llevan a cabo nos recuerdan que las personas no solo son felices al poseer y al tener mayores ambiciones, sino que el hecho de cooperar para construir un mundo mejor, para ayudar a los demás proporciona un sentimiento que ninguna posesión material que podamos adquirir a cambio de dinero nos puede dar.

Desde el sencillo hecho de apoyar a un amigo o familiar en un momento difícil hasta viajar al extranjero en proyectos de cooperación internacional, los pequeños actos de generosidad que se pueden llevar a cabo son innumerables y dependen solo de nuestra propia voluntad.

Éstos son los aspectos de nuestra sociedad en los que me gusta pensar porque son los que nos definen orgullosamente como especie,  los pequeños actos de generosidad de repercusiones inconmensurables que dignifican el significado del término humano.

Escrito por Adrià Gilabert

Adrià Gilabert

Licenciado en psicología en la Universitat Autònoma de Barcelona, máster de Práctica Clínica en la fundación AEPCCC, Máster de Conducción de Grupos Universitat de Barcelona.

Llevo a cabo psicoterapia individual por cuenta propia, en el centro UAP de Barcelona y en el Centre Mèdic Mollet.

También trabajo con grupos en los ámbitos clínico, social y formativo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *