Nunca Jamás

 DESCUBRIENDO imagesNUNCA JAMÁS

Sir James M Barrie fue el autor de una de las obras más universales del siglo XX Peter Pan o el niño que no quiere crecer llevado al teatro en 1904 y a la novela en 1911 con el título Peter Pan y Wendy. En ambas nos cuentan las aventuras de un niño cuyo nombre da título a la obra. Un niño muy especial porque se niega a crecer y permanece eternamente en la infancia.

Asimismo ha dado nombre a una patología psíquica, el síndrome de Peter Pan, dícese así de aquella gente que se niega a madurar permaneciendo toda su vida en una infancia imaginaria. Se trata de un rechazo del mundo adulto por considerarlo desagradable, duro, inhumano, cruel. James Barrie, un escocés afincado en Londres, padecía en cierto modo dicha patología e inspirado en criaturas que conoció en su tiempo redactó la obra que inmediatamente se convirtió en un éxito popular que ha traspasado las fronteras.

Descubriendo Nunca Jamás es una película basada en la biografía de Barrie.La película de Marc Forster no es ninguna obra maestra pero sí un título agradable de ver, simpático y nada desdeñable. Muestra el proceso creativo de Barrie para da vida a su personaje y asimismo su relación con la familia Llewalyn Davies cuya madre era una joven viuda sin recursos que falleció prematuramente y a los que adoptó posteriormente. Su relación con su propia esposa es un total desastre, aunque la ruptura es digamos civilizada, sin dramatismos tremendistas.

La película refleja perfectamente , el denominado Síndrome de Peter Pan . Parece una patología sacada de un cuento pero , ¿es tan “mágico” como parece ? Veamos.

Por medio de la presente, manifiesto que renuncio a ser adulto.
He decidido aceptar la responsabilidad de tener 6 años nuevamente.
Quiero navegar barquitos de papel en un estanque y hacer anillos ,tirando piedras al agua para poder apreciar las cosas sencillas otra vez.

Quiero pensar que los amigos y los dulces son mejores que el dinero. Quiero abrazar a mis padres todos los días, enjuagar mis lágrimas en sus hombros y pensar que estarán por siempre.

Quiero regresar a los tiempos donde la vida era simple. Cuando todo lo que sabía eran cuentos de hadas, colores y tablas de sumar, aunque eso no me molestaba porque ignoraba que no sabía, pero no me preocupaba por no saber.

Quiero volver a mis 6 años para pensar que el mundo es justo, que todo y todas las personas son honestas y buenas, que no hay envidias, quiero pensar que todo es posible…
Todos en algún momento hemos deseado ser niños eternamente , cuando nos rompen por primera vez el corazón , o un buen amigo nos decepciona , aquel sentimiento de frustración al no conseguir aquello que deseas aun con mucho esfuerzo , las agobiantes facturas , los días eternos de trabajo , o tan simple como asumir responsabilidades y aceptar por otro lado lo que los demás opinan de nosotros , nos lleva muchas veces a desear con todas nuestras fuerzas volver a la niñez , donde un día fuimos tan felices , o deberíamos decir , tan ignorantes , que hay una parte de nosotros que se resiste a crecer.
Pero , detengámonos un momento y reflexionemos. Si nos negamos a crecer , ¿tendríamos todo lo que hoy en día hemos conseguido? , realmente ,¿estaríamos donde hoy nos encontramos?. Ser un niño eternamente no solo significa retroceder en el tiempo , también significa retroceder en lo que hoy somos y donde estamos. Es aquí donde nace el denominado Síndrome de Peter Pan , aquel sujeto que se niega a crecer.

No es una cuestión de edad. Existen ejemplares de 30, 40, 50, 60 años y los hay que mueren siendo Peter Pan, a pesar de la infatigable inversión que dedican a soslayar la vejez. El psicólogo norteamericano Dan Kiley denominó como Síndrome de Peter Pan al conjunto de rasgos que tiene aquella persona que no sabe o no puede renunciar a ser hijo para empezar a ser padre.

El hombre/niño que se resiste a crecer es incapaz de cuidar y proteger a nadie así como de intercambiar papeles igualitariamente en el contexto de una pareja. Exhibe un desfase patológico entre su edad cronológica y su madurez afectiva. Hombres que presumen de joviales, simpáticos, alma de las fiestas, deportistas, aplicados seductores de jovencitas a edades notoriamente inadecuadas, con frecuencia no son más que “Peter panes” afectivamente inmaduros y promotores de mucha desdicha en las relaciones de pareja. Se trata de hombres que no han aprendido la diferencia entre haber crecido y ser adultos.

Resistirse a adquirir las responsabilidades que conlleva entrar en la etapa adulta, además de producir desequilibrios personales, puede derivar en serios problemas a la hora de que una relación de pareja funcione. Compartir un proyecto de vida en común con alguien que es incapaz de sacrificar o apartar los placeres de la juventud para poner todo lo que tiene para conseguir unas metas, no siempre fáciles, pero necesarias, a parte de producir insatisfacción, acaba convirtiéndose en un lastre a la hora de luchar por conseguir esos objetivos.

Ante la imposibilidad de encontrar la fuente de la eterna adolescencia, parte de los hombres de la sociedad actual han optado por anclarse en una juventud que si bien no es física, sí les garantiza la psicológica y la comodidad de afrontar el día a día sin ir más allá, una especie de Carpe Diem cuya problemática aumenta proporcionalmente con la edad física del individuo.

Se trata sin duda de una dulce tentación entre la juventud y la madurez, entre el País de Nunca Jamás y el mundo real. El primero siempre resulta más atractivo y tentador, pero llegada la hora, hay que coger el toro por los cuernos y saber dar el paso de un estado a otro.

El Peter Pan actual

Por mucho que pueda pesar, el paso del tiempo es ineludible y nadie escapa a él, ni siquiera estos Peter Pan modernos. Su comportamiento sigue siendo como el de un adolescente. Pese a su sonrisa casi imperecedera y a tratarse de personas muy divertidas y con unas inmensas ganas de disfrutar de todo los aspectos de la vida, tras esa apariencia se esconde alguien tremendamente inseguro con un terrible miedo a la soledad.

Esa inseguridad también se plasma en el campo afectivo. A pesar de una aparente seguridad en sí mismos, son personas que necesitan grandes dosis de afecto y la necesidad de una mujer a su lado que se lo pueda ofrecer. Sin embargo, pese a esta dependencia, cuando la relación se torna en algo más serio y empieza a requerir dosis cada vez más altas de compromiso y responsabilidad, se asusta y acaba produciendo la ruptura de la pareja.

Esto es una de las causas de que cambien continuamente de pareja, buscando incluso chicas más jóvenes, que impliquen menos planes de futuro y a su vez puedan contagiarse de su inmadurez. En el caso de coincidir en una pareja un Peter Pan y una Wendy, es posible que con el paso del tiempo cada uno acabe en la casa de sus padres.

¿Y si se le olvida volar?

Si al nuevo Peter Pan todo le sale bien, disfrutará durante muchos años, pero llegará un momento de reflexión donde comenzará su crisis. Aunque él goce de éxito profesional y económico, se da cuenta de que en su vida no hay nada estable ni firme.

Durante el tiempo que se está bajo este síndrome, se vive con vistas a muy corto plazo, la persona se siente insatisfecha con lo que le rodea pero no hace nada para solucionarlo. Su búsqueda de satisfacción en cada momento, le puede hacer recurrir al alcohol y las drogas como forma instantánea de obtenerla. Buscan siempre la culpabilidad de todo lo que sucede a su alrededor en los demás, sin que nunca se sienta realmente parte del problema, y ni siquiera de la solución.

Atreverse a crecer

Ante todo, el Peter Pan tendría que concienciarse de que tiene un problema. Muchos de ellos se tienen por encantadores y no llegan a la autocrítica necesaria para ver que están abusando de los demás. Creen que con su presencia basta. Sin embargo, ellos son los más perjudicados por la soledad en la que desemboca su vida. Sus amigos son superficiales y circunstanciales y sus amores, al final de la vida, son interesados y falsos. No pueden desarrollar relaciones amistosas o afectivas sólidas.

En efecto , ser eternamente niños nos traería más de un problema , a mi parecer deberíamos encontrar el equilibrio entre asumir las responsabilidades de un adulto y no perder nunca al niño que llevamos dentro .

Y, aunque la vida de adulto es diferente porque las responsabilidades cambian o incrementan, no deberíamos perder la capacidad de vivir el momento, disfrutar, actuar, resolver, atrevernos a perder el miedo y experimentar. Vivir la tristeza, pero no olvidar lo que nos hace sentir alegría, no soltarnos de la mano del “niño que llevamos dentro”.

Asimismo, debemos tener siempre presente que las mejores cosas de la vida son intangibles, y la felicidad se encuentra desde los ojos con que se mira, que se alimenta día a día; saber la importancia de no dejar morir a nuestro niño interno y que ante todo, es prioridad cuidar la propia alegría como parte esencial de cada individuo.

“Nunca se les debería enviar a la cama. Cuando despiertan son un día mayores. Y antes de que nos demos cuenta… ya han crecido.”

Gracias por la colaboración , Paula Espinosa y Esther Madrid ,
aquellas que sacan la niña que aun llevo dentro, “ de vez en cuando “

Escrito por Marta Madrid

Marta Madrid

Licenciada en Psicología educativa por la Universidad de Valencia.
Participante en la primera formacion por el COPV en couching personal en la ciudad de Alicante. Actualmente mientras amplia sus estudios trabaja como técnico deportivo en Malgrat de Mar Girona y en el sector del turismo y la hosteleria en un equipo de animación sociocultural en Lloret de Mar. Aunque su especialidad es la psicología educativa no descarta unir sus dos grandes pasiones el deporte y la psicología.

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