No me digas que no

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Cuando alguien te quiere pero tu no le correspondes no es fácil decir que no sientes lo mismo por él. Nos cuesta una inmensidad decir que no podemos sentir lo mismo y usamos otras formas que nos son más cómodas, damos largas y empleamos la típica frase:

Estoy ocupado, pero ya hablamos

 

Y seguimos así, en diferentes ocasiones, hasta provocar que la otra persona se desgaste, se desilusione y pierda el interés. Es curioso que justo este comportamiento sea el que solemos criticar cuando es la persona que nos ilusiona la que lo hace, ¿verdad? Entonces ¿Por que actuamos de este modo?

Realmente no existe ninguna teoría que pueda explicar porque actuamos de este modo, tal vez sea un cumulo de factores que unidos nos influyan en estas situaciones. Estos factores pueden ser los siguientes:

  • Los seres humanos estamos acostumbrados a vivir en comunidad y nos duele ser rechazados pero también que la gente tenga una mala opinión de nosotros, no queremos que los demás nos critiquen o piensen que somos malas personas.
  • El uso de la empatía, somos capaces de saber que la otra persona es capaz de sentirse mal a causa de nuestro rechazo y no queremos sentirnos responsables de su sufrimiento.
  • La falta de asertividad, pensamos que no tenemos los suficientes recursos para decirle a la otra persona que la apreciamos pero que no sentimos lo mismo o con la misma intensidad. Nos cuesta encontrar las palabras exactas y transmitir nuestros sentimientos hacia los demás abiertamente.
  • Nuestro particular punto de vista influye porque cuando no sentimos un nivel de enganche por otra persona es más fácil ser objetivo y relativizar las situaciones, quitar relevancia a lo acontecido o visualizarse con más precisión en el futuro y encontrar diferencias irreconciliables.

También es verdad que somos más capaces de empatizar con el sufrimiento, nos apiadamos en mayor medida de la gente que ha sido rechazada o que esta pasándolo realmente mal, por ello, le otorgamos a la otra parte un nivel de maldad que en realidad desconocemos. Tal vez, la otra persona quiere querer, quiere ilusionarse, sentirse bien con otra persona pero no logra encontrarla. ¿No es esto, triste también?

Particularmente creo que esto puede cambiar si somos sinceros con nosotros mismos, sufrimos cuando nos lo hacen pero después no actuamos como nos hubiera gustado que los demás nos trataran. Es difícil expresar aquello que sentimos exactamente y que la otra persona no lo tome como una ofensa o se entristezca pero debemos cortar, cuanto antes mejor, dejando de lado nuestro propio bienestar,  pensando que cuando más tiempo pase más crece la montaña de la ilusión. Debemos ser claros, sin intentar dilatar en el tiempo una explicación, cuando decimos lo que verdaderamente pensamos es más fácil que la otra persona lo entienda y no se retroalimente en la sensación de pérdida.

Los desplantes nos hacen que seamos más rígidos en las siguientes relaciones, hace que vayamos con pasitos cortos y que valoremos más a la gente a la que nos acercamos. El dolor tiene memoria y nos dicta como actuar en situaciones de posible rechazo, sin embargo, la ilusión, las ganas de ser aceptado y de sentirse querido nos lanza a la búsqueda de otra oportunidad. No es fácil recibir un NO, tampoco lo es rehacerte y volver a empezar, pero si se sigue, si se lucha, si se quiere, todo es posible y el resultado solo se descubre experimentando nuevas situaciones y buscando donde no se había hecho con anterioridad.

En definitiva, todos en nuestra trayectoria decimos en alguna ocasión que no y recibimos la negativa de otra persona. La clave es intentar ser siempre sincero con nuestros propios sentimientos e intentar traspasárselos a la otra persona lo más asertivamente posible, sin dar lugar a malentendidos o expectativas falsas.

No me digas que no tienes tiempo, el tiempo no es algo que se tiene sino algo en lo que se está y solo lo puedes aprovechar mientras corre y se va. Roberto Crobu

Escrito por Inés Català Borredà

Inés Català Borredà

Licenciada en psicología
Máster en Psicopatología, neuropsicología y salud

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