Motivación deportiva

En el ámbito dMotivación deportiva e la actividad física y el deporte la motivación ha sido siempre uno de los procesos psicológicos más estudiados por los investigadores, ya que, en muchas ocasiones, explica y justifica la iniciación, la orientación, el mantenimiento y el abandono de la práctica deportiva. De hecho, la adaptación del deportista a las situaciones de extrema dureza física y mental, el afrontamiento positivo de la tensión y la angustia que entraña la competición o, simplemente, las continuas renuncias que impone la práctica deportiva, no podrían llegar a entenderse sin hacer mención específica a este término.

La motivación viene a ser como el motor que permite al deportista “seguir adelante”, “sacar fuerzas de flaqueza ”y hacer frente a las múltiples exigencias de la actividad deportiva. Por ello, los entrenadores, técnicos y directivos intentan siempre que los deportistas estén altamente motivados, y éstos, a su vez, procuran motivarse al máximo para poder obtener el mejor resultado posible.

Puesto esto de relieve, podemos comenzar diciendo que el término es un vocablo que hunde sus raíces en el verbo latino moverse, que significa mover, un significado etimológico que nos da la primera pista para entender un concepto íntimamente ligado a un estado o proceso interno capaz de activar, dirigir y mantener la conducta hacia un objetivo. En efecto, en el ámbito de la actividad física y el deporte la motivación ha de ser considerada como el producto de un conjunto de variables sociales, ambientales e individuales que determinan la elección de una determinada disciplina deportiva, la intensidad en la práctica de la misma y, en último término, el rendimiento. Vallerand y Thill (1993), por ejemplo, tienen muy clara esta circunstancia cuando, en su” Introduction to the concept of motivation”, recuerdan que esta variable psicológica no es sino un constructo hipotético que describe las fuerzas internas y/o externas que producen la iniciación, dirección, intensidad y persistencia de la conducta.

Por otra parte, también se contribuye al esclarecimiento de este controvertido concepto cuando, afirmamos que la motivación es un complejo proceso que siempre muestra dos caras:

  1. La de impulso, referida a los componentes energéticos del proceso (cómo está de activado el deportista, cuánto esfuerzo emplea en conseguir un determinado objetivo, cómo la actuación se ve afectada si el nivel de activación es superior o inferior al adecuado, etc.)
  2. La de necesidad, relacionada con los componentes direccionales del mismo, es decir, con las metas y objetivos que se ha marcado previamente el deportista. De hecho, al considerar ambas vertientes (impulso y necesidad), el término no sólo se entiende mejor sino que también sirve de guía al especialista en la ardua tarea de tratar de regular la motivación de los deportistas, activando adecuadamente su conducta: (valor energético, de impulso) y orientándola (valor direccional, de necesidad).

En definitiva, pues, se puede decir que es un término global que se utiliza para definir el complejo proceso psicológico que determina la dirección y la intensidad del esfuerzo, un proceso marcadamente individual en el que influyen factores de diversa índole (biológicos, sociales, cognitivos, emocionales, etc.) que es aprovechado con relativa frecuencia para explicar el comportamiento de las personas cuando practican actividad física o deporte.

En concreto, la dirección del esfuerzo“ se refiere a si el sujeto busca, se aproxima o se siente atraído por ciertas situaciones” –por ejemplo, cuando un entrenador se inscribe y asiste a un cursillo de perfeccionamiento-; mientras que la intensidad del esfuerzo hace referencia “a la cantidad de empeño que una persona emplea en una situación determinada”– por ejemplo, un jugador de baloncesto que, aún no pudiendo entrenar los mismos días que sus compañeros, se esfuerza al máximo en cada sesión de entrenamiento.

Por decirlo de otro modo, la motivación, como cualquier otra variable psicológica, varía tanto a nivel interpersonal como intrapersonal, es decir, que difiere de unas personas a otras y puede alterarse en la misma persona, siempre dependiendo de las experiencias previas, de las circunstancias ambientales y del momento anímico en el que se encuentre el sujeto. De hecho, hasta en los grupos deportivos más cohesionados se pueden apreciar diferentes tipos y grados de motivación: unos deportistas practican deporte por el placer y la satisfacción que experimentan cuando aprenden algo nuevo, alcanzan un determinado objetivo o se sienten competentes; otros, en cambio, dependen de refuerzos externos tangibles como son el dinero o un trofeo, o intangibles, como el prestigio social y el reconocimiento público, para esforzarse en llevar a cabo buenas actuaciones deportivas.

Por ello, habremos de considerar que entre las funciones del psicólogo deportivo está el conseguir regular la motivación de los deportistas y lograr que todos los participantes gocen de un estado de ánimo óptimo a lo largo de toda la temporada.

La tarea es complicada, pero, “se pueden encontrar elementos que den estabilidad y que sirvan de base para que la actividad presente un carácter motivante (p.e., crear un clima de diálogo con los deportistas, tener un espacio adecuado para el entrenamiento, etc.)”

Escrito por Marta Madrid

Marta Madrid

Licenciada en Psicología educativa por la Universidad de Valencia.
Participante en la primera formacion por el COPV en couching personal en la ciudad de Alicante. Actualmente mientras amplia sus estudios trabaja como técnico deportivo en Malgrat de Mar Girona y en el sector del turismo y la hosteleria en un equipo de animación sociocultural en Lloret de Mar. Aunque su especialidad es la psicología educativa no descarta unir sus dos grandes pasiones el deporte y la psicología.

2 comentarios de “Motivación deportiva

Responder a Marta Madrid Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *