Mi maestra la Tristeza

 

¿Sabes cuál es tu primera reacción cuando otra persona te dice que se siente triste? ¿Cómo reacciona tu cuerpo? ¿Cuál es el primer pensamiento que te viene a la cabeza? ¿Cuál es tu reacción?

Saber sentirnos triste es importante y saber sentir al otro también. Durante mucho tiempo de mi vida, mi primera pregunta a una persona que me decía que se sentía triste era ¿por qué? y la segunda ¿qué te pasa?. La tercera ¿en qué te puedo ayudar?.

Mi sensación, mi creencia, era que la tristeza era algo negativo para esa persona, confundía una experiencia desagradable para mí; es decir, mi vivencia de la tristeza como algo desagradable, algo que yo no quería vivir porque no me gustaba, con una experiencia desagradable para el otro.

tristeza

¿Qué significa TRISTEZA?

Según la Real Academia Española tristeza es la cualidad de estar triste. Su segunda acepción es sentencia de muerte. Impacta ¿no?. Puede ser que yo viera mi tristeza como una sentencia de muerte, que confundiera tristeza con depresión y que yo quisiera evitar esa experiencia por todos los medios. La realidad puede ser un poco distinta.

La TRISTEZA que cura:

El equilibrio y la auto-regulación organísmica pasan por momentos de introspección, de tranquilidad, recogimiento, de tristeza. El deseo de retirada del bullicio de lo cotidiano, de calma, de parar, el estado de ánimo comúnmente llamado bajo invita al auto-cuidado y al recogimiento.

Si puedes ver la tristeza como algo natural, propio del proceso de regulación de nuestra salud emocional tu vivencia de ella puede cambiar, así como cambia tu acompañamiento del otro con su tristeza.

Sólo escuchando mi tristeza he podido sanar mis heridas y he perdido el miedo a la depresión porque sentirme triste es diferente a pasar por un proceso depresivo.

Mi tristeza siempre me ha enseñado una cosa: Quiérete. De evitar conectar con ella por tener miedo de quedarme atrapada en la tristeza he pasado a disfrutar de mí y hacerle caso. Algunas veces me dice: cuídate, acompáñate con mimos, retírate en soledad. Dejarme expresar, re-equilibrarme gracias a vivir mi tristeza con naturalidad también me permite respetar la tristeza del otro.

Ya no siento el imperativo de buscar razones o ayudar para que pase rápido la tristeza, para mejorar, para que la otra persona mejore. Ahora se que sólo siendo, sólo dejándome sentir y aprendiendo de mi tristeza puedo yo mejorar y acompañar en la mejoría del otro.

Ahora la primera palabra que digo cuando otra persona me dice que se siente triste es: Para.

Y la segunda: Escúchate.

Escrito por Ainara Febles Bolaños

Ainara Febles Bolaños

Psicóloga y Especialista en Terapia Gestalt.

“Sé el cambio que quieras ver en el mundo”

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