La insoportable soledad del ser

El hecho de ser humano comporta un grado intrínseco de soledad, somos unidades individuales que viven y conviven en grupos y este hecho conlleva paradójicamente un grado de soledad y de compañía o de soledad acompañada.

A lo largo del viaje de nuestra vida conoceremos a personas con las que en mayor o menor medida compartiremos experiencias, sentimientos y afecto pero al igual que en el micro universo literario de Macondo en “Cien años de soledad” durante gran parte de nuestra existencia compartiremos el tiempo y el espacio única e inevitablemente con nosotros mismos.

Sin embargo muchas personas no pueden aceptar o tolerar esta soledad, la llegan a vivir de forma angustiante y buscan impulsivamente personas que llenen ese vacío que les causa su individualidad, volviéndose dependientes del afecto ajeno, absorbiendo y saturando sus relaciones personales provocando contradictoriamente el rechazo, una mayor soledad y vacío.astronauta2

Asimismo también hay personas que no son capaces de gestionar esta dualidad y que no encuentran en el contexto social una red de apoyo y acompañamiento, que no han podido establecer un contacto satisfactorio con otro ser humano y sienten un progresivo aislamiento y desconexión respecto al mundo. Un sentimiento similar es el que transmite  la canción Space Oddity de David Bowie, en la cual un astronauta viaja por el espacio con su nave viendo cómo se aleja la Tierra y se adentra en el inmenso vacío del universo perdiendo la conexión con el planeta. “Ground control to Major Tom?…”

Esta dificultad para gestionar la soledad puede tener su origen en algunos patrones afectivos en las relaciones familiares en la infancia, un apego inestable, sobreprotector o inexistente puede dar lugar a diferentes tipos de carencias afectivas que pueden desembocar en este tipo de sentimientos mencionados: no poder sobrellevar la soledad, la propia autonomía e independencia, dificultades para establecer vínculos con los demás y en general una sensación de desarraigo respecto a uno mismo y el mundo.

Quizás nunca podamos explicarle a nadie la totalidad de nuestros pensamientos, de nuestros mayores deseos o sueños, de nuestros miedos más angustiosos pero tenemos la posibilidad de contar con personas que nos quieren, apoyan y acompañarán en el viaje, y en caso contrario tenemos el derecho y la oportunidad de encontrarlas.

Tarde o temprano todos tenemos que aceptar la soledad inherente a la existencia, no como algo angustioso y perjudicial sino como algo natural y saludable, un sentimiento compartido por la especie. Para conseguirlo es necesario aprender a convivir con uno mismo, aceptarse y quererse, ser capaz de compartir la vida con otros sin exigir que suplan ningún vacío de nosotros mismos y sin llegar a perdernos en ese pequeño espacio individual que puede llegar a convertirse en infinito.

Escrito por Adrià Gilabert

Adrià Gilabert

Licenciado en psicología en la Universitat Autònoma de Barcelona, máster de Práctica Clínica en la fundación AEPCCC, Máster de Conducción de Grupos Universitat de Barcelona.

Llevo a cabo psicoterapia individual por cuenta propia, en el centro UAP de Barcelona y en el Centre Mèdic Mollet.

También trabajo con grupos en los ámbitos clínico, social y formativo.

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