La construcción del sentido de la vida

El sentido de la existencia, de nuestra vida y de los hechos que nos ocurren es una de las cuestiones más trascendentales que han caracterizado al ser humano desde el despertar de su conciencia. ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Por qué ocurren desgracias? ¿Por qué me ha ocurrido esto? Son algunas preguntas que todo el mundo se ha planteado alguna vez o se planteará, porque nuestra existencia está caracterizada por diferentes circunstancias que nos exigen una respuesta, a menudo difícil de encontrar. De esta forma, al igual que nuestro antiguo compañero de revista, y amigo y compañero de vida, Héctor Sánchez en su artículo http://www.revistainsight.es/buscando-el-sentido-de-la-vida/  quiero aportar mi granito de arena a esta apasionante cuestión.

La búsqueda del sentido de la existencia ha sido objeto de reflexión y de desarrollo para muchos filósofos y pensadores existencialistas, entre ellos Viktor Frankl, un psiquiatra que por su trayectoria vital y profesional, creador de la logoterapia  y uno de los mayores exponentes de la psicoterapia existencial, es fuente de inspiración de este artículo.

pensador

Viktor Frankl fue un psiquiatra austríaco que sufrió en su propia piel una de las realidades más atroces que la especie ha cometido nunca: fue interno en diversos campos de concentración de la Alemania nazi. Frankl tuvo la fortuna de sobrevivir a tal genocidio y ser liberado por las tropas estadunidenses, no la tuvieron su esposa ni sus padres, y aprovechó el haber vivido esa inhumana experiencia para escribir su obra emblema, “El hombre en busca del sentido”. En ella relata el día a día en los campos de concentración y las reacciones psicológicas que se producían entre los internos desde el punto de vista de un profesional de la salud mental. En esta obra Viktor Frankl explica también que si consiguió sobrevivir y no derrumbarse definitivamente a la desesperanza y deshumanización que comportaban los campos de concentración fue porque consiguió darle un sentido a la cruel experiencia que estaba viviendo. El sentido que construyó para seguir vivo y no perder la esperanza fue la propia condición humana de los internos, que a pesar de la crueldad extrema con la que eran tratados muchos seguían conservando su voluntad, su libertad individual y personal al ser dueños de su propio padecimiento y de su conciencia, la generosidad y la dignidad y la dimensión espiritual o transcendente de cada uno. Eran cualidades que muchos a pesar del horror de su vivencia en los campos se negaban a renunciar.

En resumen, a pesar de sufrir una de las situaciones más dolorosas e inhumanas que puede haber, Viktor Frankl encontró su propio sentido para mantenerse a flote y no hundirse por completo en el desaliento: la rebeldía psicológica personal frente al abuso y dominación de los nazis sobre los presos, conservar la propia conciencia, libertad de pensamiento y sentimiento intactas a pesar de las torturas y abominaciones. Ese fue su sentido: que su humanidad sobreviviera.

Frankl fue el precursor de la Logoterapia, una corriente psicológica que se centra en la dimensión más profunda y existencial del ser humano, que trata ayudar a la persona a reconstruir el significado, el sentido de sus vivencias para conseguir una mayor libertad individual y autonomía.

En contraposición a esta visión existencialista podríamos encontrar la concepción popular del nihilismo, como corriente filosófica que niega ningún significado o propósito objetivo a la existencia. (Como aclaración comentaré que bajo la corriente nihilista se incluyen autores como Nietzsche que utilizaban esta visión más como una crítica social y política, como un medio para liberarse de dogmatismos e ideas preconcebidas y construir una nueva realidad con nuevas posibilidades).

Pero centrémonos en la corriente más “negativa” del nihilismo, concebida como un pesimismo absoluto. Es muy recomendable una novela corta de Jane Teller titulada “Nada”, que ilustra la contraposición entre la búsqueda de un sentido y el nihilismo más negativo que niega cualquier sentido a la vida. Porque todo depende del prisma bajo el que se mire la realidad, y si la contemplamos fríamente desde un punto de vista nihilista o de escepticismo absoluto, probablemente nos demos cuenta de que tienen razón en parte: que objetivamente quizás Nada tenga un sentido per se.

Este es precisamente el punto al que quería llegar. Personalmente creo que el debate sobre el sentido o la ausencia del sentido no sirve para nada, salvo para proporcionarnos unas discusiones filosóficas y sociológicas realmente apasionantes. Objetivamente, visto de forma escéptica y razonando científicamente poco o nada tiene un sentido objetivo y verdadero, es evidente, porque el sentido es una creación humana. Construir un sentido a nuestra existencia y a los hechos que nos suceden nos permite darle significado a nuestra realidad, o al menos buscarle un significado. Nos permite dotar de coherencia y relevancia nuestra vida y de esta forma poder hilar un relato consistente que nos ayuda a mantener nuestra humanidad, nuestra ilusión y nuestra capacidad de sobreponernos a las dificultades.

Si nos sumimos en el completo nihilismo  del “absolutamente nada tiene sentido” es posible que nos hundamos bajo el peso de la realidad más cruda, adoptando una actitud pasiva asumiendo la ausencia del significado. Para conseguir una adecuada supervivencia y desarrollo en nuestro día a día es imprescindible tener una actitud activa, CONSTRUIR un sentido (más que buscarlo) para nuestra vida, para los proyectos que hacemos, para los hechos que nos suceden. Construir un sentido que sea significativo para nosotros y que nos dé una mayor fortaleza para reivindicar el valor de nuestra existencia.

Escrito por Adrià Gilabert

Adrià Gilabert

Obtuve la licenciatura de psicología en la Universitat Autònoma de Barcelona y un máster de Práctica Clínica en la fundación AEPCCC.
Actualmente estoy estudiando el máster de Autoliderazgo y conducción de grupos en la Universitat de Barcelona.

Llevo a cabo terapia individual y trabajo con grupos en los ámbitos clínico, social y formativo.

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