Impacto psicológico ante la entrada en prisión

¿Y si nos dijeran que tenemos que entrar en prisión? ¿Cómo reaccionaríamos? ¿Cuántas formas diferentes hay de afrontar esto sí es la primera vez que te sucede?

Independientemente de la causa por la que se deba entrar en prisión, eso no lo voy a valorar, lo cierto es que dejas de tener una identidad social para adoptar la nueva identidad de preso.

Lo más seguro y lo más normal es que haya sentimientos de miedo y rabia, unidos a una gran incertidumbre y ansiedad.

Ésta incertidumbre y ansiedad se ve acrecentada por el hecho de las ideas e imágenes que se tiene ante dicha situación. Todos tenemos un concepto general de lo que es una cárcel, de cómo se vive y a lo que te enfrentas. Pero… ¿será así?

Muchos son los factores que pueden incidir en el deterioro de las diferentes dimensiones psicológicas de la persona, como la personalidad o los síntomas asociados al estado de ánimo general.

En primer lugar, el hecho de ser encarcelado es un hecho traumático para la vida de la persona, sobre todo si es el primer contacto que se tiene con éste mundo. Estas situaciones son vividas por el sujeto como muy impactantes, llegando a provocar reacciones de derrumbe psicológico.

Los psiquiatras Holmes y Rahe (1967), encontraron que el ingreso en prisión era evaluado por una muestra de sujetos como el tercer evento de vida, en una lista de 43 situaciones, que implicaba un mayor esfuerzo de ajuste, por los cambios que suponía en la vida de una persona. Como apoyo de esta valoración se han encontrado, en las primeras semanas de encarcelamiento, mayores niveles de ansiedad y estrés en muestras de internos (Harding y Zimmerman, 1989; Zamble, 1992).

Pueden aparecer otros factores que tengan un impacto en el individuo y mantengan o incrementen sus niveles de ansiedad o estrés, como los asociados a la misma condición de internamiento, el alejamiento de las redes sociales y familiares, la vida laboral, por la situación de la familia, duración de la condena, la violencia carcelaria.

También hay que recalcar que la pobreza de estímulos ambientales y sociales, así como la ausencia de actividades de ocupación del tiempo libre puede desembocar en un deterioro de las habilidades interpersonales de los sujetos.

índiceY en cuento a los familiares… ¿cómo lo viven las personas allegadas al nuevo preso?

La experiencia psicológica de los familiares suele variar mucho. A menudo nos encontramos una situación psicológica muy alterada, llena de incertidumbre y desesperanza. Sea como sea, la familia ve totalmente alterada su vida y prácticamente siempre esta época está presidida por el desconcierto y la angustia. La familia se tiene que adaptar al mundo penitenciario.

La experiencia psicológica de cada uno de los miembros de la familia es muy variada. Las principales áreas afectadas son: la imagen de sí mismo, imagen de la realidad, alteraciones psíquicas del estado de ánimo, de la afectividad y sexualidad, alteraciones actitudinales, entre otras.

Por otro lado, hay que tener en cuenta la sociedad en la que vivimos y los prejuicios que se tienen con respecto a la privación de libertad. La familia tiende a ocultar y hasta evitar (si pueden) éste hecho ya que les genera altos niveles de ansiedad y estrés. También es cierto, que suele haber cierta vergüenza por parte de los familiares de reconocer o expresar que un miembro de su familia está en prisión. Esto seguramente viene dado por “el qué dirán”.

Con todo esto, me planteo la posibilidad de estar privada de libertad y si sería capaz de sobrevivir en ése mundo, si la mente jugaría a mi favor y me ayudaría o por el contrario sería mi peor enemiga. Y en el caso de ser familiar de un preso…

Indistintamente como preso o como familiar… creo que es una situación tan extrema, que hay que vivirlo para saberlo. Por mucho que lo intentes imaginar, por mucho que te informes y documentes, no creo que se tenga la capacidad de ponerse en la piel de quien lo padece al cien por cien.

En cuanto a la vergüenza que puede llegar a sufrir el familiar… aunque entiendo su situación y que les sea inevitable tener esa sensación, personalmente opino que no se deberían de avergonzar, por el simple hecho de que cuando te avergüenzas de la situación, indirectamente te estás avergonzando tanto de tu familiar preso como de ti mismo, y eso es algo que nunca debería de suceder.

Escrito por Yasmin Shehadeh Alandete

Licenciada en Psicología por la Universidad de Valencia.
Habilitada como Psicóloga General Sanitaria.
Actualmente y desde hace 8 años, trabajo como Integradora Social en San Juan de Dios, Servicios Sociales, con el colectivo de personas en situación de sin hogar con patología dual.
Preparando las oposiciones para Psicólogo Interno Residente.

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