Identidad II: La identidad social

Los seres humanos como especie siempre nos hemos agrupado colectivamente, esto ha sido un mecanismo evolutivo de supervivencia que nos ha acabado definiendo. Nuestra tribu nos proporcionaba el sustento, cobijo, compañía y afecto. De igual manera nos aliábamos con otras tribus para conseguir una mejor optimización de los recursos y una mejor convivencia o rivalizábamos con los demás grupos que identificábamos como diferentes y antagónicos, derivando en conflictos y guerras tribales. En los últimos siglos no parecemos haber cambiado tanto, pertenecemos a ciertos colectivos, nos identificamos con otros, categorizamos como diferentes a ciertos grupos, rivalizamos y nos enfrentamos. Siguen existiendo las dos caras de la moneda: las alianzas, los pactos de entendimiento, la convivencia y los prejuicios irracionales que pueden conducir a extremismos dogmáticos que derivan en violencia.

La teoría de Henri Tajfel sobre la identidad y los conflictos intergrupales explica estos fenómenos naturales en el desarrollo psicosocial de las personas y los colectivos. Según Tajfel, en el desarrollo de la identidad social entran en juego simultáneamente los fenómenos de categorización, identificación y comparación de los distintos grupos. La categorización de los colectivos sociales nos permite simplificar los patrones que caracterizan a cada grupo de personas, según la tendencia política, la nacionalidad, el gusto musical, la tendencia sexual, el trabajo e infinidad de categorías. De todas estas a medida que nos desarrollamos como personas nos identificamos y asociamos con aquéllas cuyos valores son más atractivos para nosotros y que reafirman nuestra autoestima. De esta forma yo podría definirme cómo Català, políticamente de izquierdas y psicólogo de profesión entre otras categorías.

El hecho de identificarnos con diferentes colectivos es una parte fundamental de la construcción de nuestra identidad, como comentamos en el artículo anterior son nuestra personalidad, nuestra capacidad de decidir y nuestra idiosincrasia las que nos permiten escoger los colectivos de los cuales queremos formar parte e incluso trascenderlos. (Trascenderlos en el sentido que pertenecer a un colectivo no me define de forma absoluta ya que por ejemplo, el hecho de ser psicólogo no define con precisión qué tipo de psicólogo soy, como interactúo con mis pacientes, como concibo la psicología humana, o que me guste la música rock no implica que me dejen de gustar otros estilos como el Jazz…)

origin_6914116793

photo credit: ** RCB ** via photopin cc

La identificación y pertenencia a un grupo implica también la comparación con los demás colectivos, que a menudo suele resultar positiva en nuestro beneficio para reforzar el concepto que tenemos de nuestra realidad y nuestra autoestima, La comparación con los demás grupos es natural en las dinámicas sociales y sirve para reafirmar la propia identidad grupal como un valor diferencial al resto. Nosotros VS ellos.

Es en este proceso de comparación donde pueden surgir diferentes conflictos de intereses, que pueden resolverse constructivamente trabajando para buscar las soluciones precisas para una mejor convivencia o por otra parte pueden surgir las rivalidades, prejuicios y reacciones más violentas y opresoras entre diferentes colectivos. Estos prejuicios son ideas estereotipadas que se pueden tener sobre agrupaciones de personas por diferentes tipologías como el género, la tendencia sexual, la nacionalidad, el color de piel o la vestimenta entre muchas categorías. La mentalidad abierta permite romper los esquemas rígidos infundados que se construyen socialmente, en cambio las mentalidades más rígidas tienden a buscar aquellas pruebas que confirmen sus hipótesis estereotipadas, de forma que el prejuicio se convierte en un peligroso dogma de fe, un instrumento ideal para justificar acciones discriminatorias que lo único que pretenden son la dominación y la subyugación de los otros a favor del grupo al que se pertenece. Algunos fenómenos lamentablemente comunes que ejemplifican esta explicación son el racismo, la xenofobia, el machismo, la homofobia y el odio hacia diferentes colectivos por el motivo que se preste.

Como expresaba al principio del artículo parece que no hayamos evolucionado en este sentido a lo largo de la historia de la humanidad, desde las guerras entre las diferentes tribus por el control de los recursos cuando aún vivíamos en cuevas a los regímenes fascistas que surgieron en el siglo XX y que desataron la barbarie en toda Europa. Hoy en día siguen habiendo prejuicios y concepciones extremamente sesgadas sobre colectivos particulares, ¿estaremos condenados a caer en los mismos errores una y otra vez?

Es totalmente lícito defender y reforzar la identidad del propio grupo sin atacar a otros colectivos (si en este caso los otros colectivos se sienten atacados quizás sea problema de su percepción) puesto que la diversidad de identidades colectivas y grupales es natural en nuestra especie, lo que quizás no hemos aprendido es a tolerarlas y aceptarlas de forma comprensiva, pacífica, democrática y humana.

Escrito por Adrià Gilabert

Adrià Gilabert

Licenciado en psicología en la Universitat Autònoma de Barcelona, máster de Práctica Clínica en la fundación AEPCCC, Máster de Conducción de Grupos Universitat de Barcelona.

Llevo a cabo psicoterapia individual por cuenta propia, en el centro UAP de Barcelona y en el Centre Mèdic Mollet.

También trabajo con grupos en los ámbitos clínico, social y formativo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *