Identidad [I]

El salto evolutivo que realizamos en el pasado los humanos respecto a nuestros antepasados, los simios, implicó un increíble Big Bang en el desarrollo cerebral que nos elevó varios peldaños, en el aspecto intelectual como mínimo, respecto al resto del reino animal. Las capacidades cognitivas derivadas de este proceso evolutivo nos han permitido potenciar sustancialmente procesos mentales complejos como la atención, la memoria, el aprendizaje, el desarrollo del lenguaje y el razonamiento entre muchos otros. La conjunción de todas estas capacidades cognitivas nos convirtió en seres conscientes de nosotros mismos y de nuestro entorno, de nuestra individualidad y nuestra colectividad e hizo que nos empezásemos a plantear cuestiones trascendentales sobre nuestro lugar en este inmenso mundo, sobre el sentido de nuestra existencia. En consecuencia comenzamos a construir significados sobre todo el mundo que nos envolvía y los fenómenos que sucedían  y sobre todo, empezamos a construir nuestra identidad social y personal de forma activa, para definirnos, identificarnos y diferenciarnos.

La identidad tiene estas dos dimensiones social e individual debido a nuestro desarrollo como personas en un contexto social. La identidad social se refiere más específicamente a los grupos de referencia y pertenencia con los que nos identificamos y formamos parte (así una persona se podría identificar con una o más nacionalidades, con una ideología política, con un equipo deportivo, con una cultura urbana y con infinidad de categorías que pueden conformar nuestra identidad social)

El presente artículo está dedicado a la identidad personal, la dimensión más individual de la identidad dentro de un contexto social que nos influye y del cual nos nutrimos continuamente para definirnos y para desmarcarnos y enfatizar nuestra idiosincrasia e  individualidadarticle identitat

De esta forma, desde que nacemos nos nutrimos del conocimiento y la influencia de nuestro entorno que modelan y condicionan significativamente nuestra forma de ser, pensar y aprender y a la vez la conciencia sobre nosotros mismos, nuestra voluntad y capacidad de escoger y tomar decisiones determinaran el tipo de persona que queremos ser, construyendo activamente, a lo largo del tiempo una identidad compleja, llena de matices y de múltiples caras que se complementan entre ellas y que se transforman con las diferentes experiencias que vivimos.

Desde una perspectiva narrativa la identidad se construye a lo largo del relato de nuestra vida, evolucionando con cada giro argumental y con cada cambio de registro. Somos el autor de una historia en continua construcción, de la historia sobre nosotros mismos que nos contamos, rememoramos y reescribimos, añadiendo más detalles a nuestro personaje a medida que nos suceden determinadas vivencias y que nos enriquecemos con diferentes experiencias.

La identidad no es única e invariable, todo lo contrario, nuestra identidad es múltiple y con diferentes manifestaciones en función del contexto y la situación en que nos encontramos. Cuando nos relacionamos con nuestros amigos aflora una faceta de nosotros mismos diferente a cuando interactuamos con compañeros de trabajo o con nuestra familia o cuando estamos en soledad acompañados por únicamente de nuestro propio pensamiento. Es precisamente esta multiplicidad de facetas combinadas que configuran nuestra compleja identidad.

De forma similar hay corrientes psicológicos que postulan que nuestra identidad está formada por diferentes “yoes” de los cuales algunos tienen más protagonismo en nuestro día a día que otros. Un posible ejemplo sería el siguiente: una persona que en su día a día se considera un luchador o luchadora, que siempre está al pie del cañón en diferentes aspectos de su vida, ya sea en el ámbito laboral y familiar, en la implicación por el activismo social y por diferentes causas. También tiene una faceta más despreocupada y “vividora” que últimamente a penas saca a relucir porque tiene demasiados compromisos y poco tiempo para el descanso. Pongamos, para no alargar excesivamente el ejemplo, que también tiene una faceta más vulnerable y asustadiza a la que nunca deja espacio porque no se permite la posibilidad de caer por miedo a derrumbarse, y por lo tanto estas dos últimas facetas las tiene relegadas en un cajón de su mente, dejando únicamente espacio a su yo más combativo y resolutivo.

Mi intención con este ejemplo es ilustrar la multiplicidad de identidades y de yoes que podemos tener y el grado en que permitimos que afloren éstos en nuestra vida. Es importante dejar espacio a todas nuestras facetas que constituyen nuestra identidad o conjunto de identidades, ya que si  no lo permitimos, si negamos algunos de nuestros propios yoes tengan su papel relevante en nuestra historia podemos acabar bloqueando al personaje principal que es el que se manifiesta con mayor frecuencia en nuestro día a día. Ésta es la función de nuestros diferentes yo, enriquecer nuestra identidad, dejar respirar nuestra psique y darnos espacio para diferentes registros vitales.

Algunas preguntas que pueden ser útiles para explorar nuestra propia identidad y sus diferentes facetas y manifestaciones son:

¿Cómo soy?¿Qué cosas son más características de mí mismo? ¿Cómo me comporto? ¿Cómo suelo pensar?  ¿Con qué valores me identifico? ¿Qué cosas son importantes para mí? ¿Qué faceta de mi mismo tiene el papel principal en mi vida? ¿Hay facetas de mi mismo que no permito mostrar? ¿Qué facetas de mi mismo me gustaría manifestar más a menudo? 

Porque nuestra identidad es un rico y variado universo personal lleno de matices y de gradaciones cromáticas, en permanente construcción que debemos mantener y nutrir para permitirnos seguir evolucionando y avanzando, sin perdernos a nosotros mismos por el camino.

Escrito por Adrià Gilabert

Adrià Gilabert

Licenciado en psicología en la Universitat Autònoma de Barcelona, máster de Práctica Clínica en la fundación AEPCCC, Máster de Conducción de Grupos Universitat de Barcelona.

Llevo a cabo psicoterapia individual por cuenta propia, en el centro UAP de Barcelona y en el Centre Mèdic Mollet.

También trabajo con grupos en los ámbitos clínico, social y formativo.

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