Fobias sexuales

- temorX -Las fobias sexuales son miedos que pueden parecer extraños a quienes disfrutan de una vida sexual activa y plena, pero existen numerosos temores relacionados con el género de la persona y su sexualidad. En ciertas ocasiones la disfunción eréctil, la anorgasmia, el vaginismo o la eyaculación precoz tienen su base en un miedo oculto quizá basado en una educación llena de prejuicios y de mensajes negativos. Existen muchos tabúes con respecto al sexo, debidos en gran parte al desconocimiento y la falta de información;  que se alejan de facilitar la experimentación y el disfrute pleno en las primeras relaciones sexuales y que por tanto pueden derivar en una patología más grave o convertirse en una fobia duradera. El desarrollo de expectativas muy altas que luego no podemos alcanzar, el temor al dolor en el primer encuentro o al posible fracaso de la relación son otros de los puntos que pueden llevar al desarrollo de una fobia sexual, siendo el más difícil de enfrentar el provocado por la vivencia de experiencias negativas relacionadas con el sexo, entre los que podríamos incluir el dolor físico sufrido en alguna relación, los abusos, las violaciones o haber sido testigo de un acto sexual que haya resultado traumático para la persona, ya sea en su vida real o en una película. Otras causas pueden ser la culpa propiciada por la educación cultural o religiosa demasiado estricta, perversiones sexuales de parejas anteriores, la falta de sentimientos hacia la pareja o, al contrario de lo que pueda parecer: ser demasiado promiscuo.

Padecer una fobia sexual no significa que no exista atracción, impulso o deseo sexual. El miedo paraliza e inhibe dejando incapacitado para consumar el acto pero, el fóbico desea y teme al mismo tiempo por lo que la respuesta más habitual para defenderse es la huida y la evasión de las situaciones temidas. Una fobia es un miedo excesivo, persistente e irracional y en el caso que nos ocupa, un fóbico sexual es quien evita por completo o limita ciertas prácticas por temor, dolor u otras cuestiones que considera peligrosas. La erotofobia es uno de los temores más primarios, en él se evita hablar de sexo reprimiendo incluso la palabra cuando se enfrentan temas relacionados con la sexualidad y el erotismo, teniendo reacciones negativas ante material sexualmente explicíto. La filofobia o miedo a enamorarse afecta profundamente a quienes la padecen ya que limitan los vínculos amorosos que puedan derivar en enamoramiento a través de diferentes comportamientos como la elección de relaciones imposibles, escoger parejas que terminarán dejándolos o buscar defectos inexistentes en quien se ha enamorado de ellos. Asociadas al miedo romántico, la sarmasofobia o malaxofobia destaca por temer los juegos amorosos o seducción evitando todo contacto amoroso como los masajes, el juego previo a la relación sexual, el coqueteo o los besos (por lo que se relaciona con la filemantofobia en la que únicamente se tiene pavor a ser besado y evitar a toda cosa los besos).

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Algo se

parada de la relación sexual pero relacionada con ella existe la gimnofobia o nudofobia que describe el miedo al desnudo tanto propio como ajeno incluso en situaciones socialmente aceptables. Así, esta fobia puede provocar ansiedad en aquellos que la padecen frente a todos o solo frente a algunas personas en particular. Reconocen que su miedo es irracional y su causa puede ser un sentimiento de inferioridad con respecto al propio cuerpo, por comparativa a los mostrados como ideal de belleza.

Existen fobias más generales y complejas como la androfobia (miedo a los hombres) que desarrolla una aversión a las personas de sexo masculino debido a un evento traumático sufrido en la edad temprana y que puede provocar ansiedad incluso después de valorar que el hombre no representa una amenaza real o la ginecofobia (miedo a las mujeres) que es el término acuñado para el equivalente miedo a las mujeres. Hay que destacar que también existe una patología relacionada con el temor desmedido de los hombres exclusivamente a las mujeres hermosas: la venustrafobia.

Además de los explicados en las líneas anteriores, existen infinidad de miedos relacionados con la sexualidad y me gustaría apuntar el último lugar que existe gente que sufre de onirogmofobia o miedo a los sueños húmedos, parofobia o miedo a tener una perversión sexual.

Asimismo podemos agrupar una algunas de las fobias sexuales más genéricas y nombrar la coitofobia o genofobia o miedo a mantener relaciones sexuales. En los hombres se hace presente a través de dificultades para mantener la erección mientras que las mujeres muestran problemas para llegar al orgasmo. Este miedo, ya sea a sus impulsos sexuales o de perder el control durante el acto sexual, provoca gran ansiedad al hacer plausible su preocupación por fallar en el desempeño sexual. Y añadir otras cuyo nombre no hemos escuchado pero que viene bien tener presentes: agrafobia o miedo al abuso sexual, eurotofobia o colpofobia o miedo a los genitales femeninos, falofobia o miedo a los genitales masculinos, itifalofobia o miedo a tener una erección y medomalacufobia o pánico a perder la erección.

La consulta profesional en el momento de que una de estás patologías se haga presente es el pasaje más seguro para asegurarse el placer durante las relaciones sexuales sin temor. Las técnicas clínicas y psicoterapéuticas son eficientes junto, muchas veces, a ciertos psicofármacos que ayudan a abordar pensamientos obsesivos y ataques de pánico. El abordaje cognitivo conductual es el que mejores resultados ha conseguido en el tratamiento de las fobias de cualquier índole y desde éste, la psicoterapia personalizada y, en ocasiones, con la ayuda de la pareja auguran resultados prometedores a pacientes con fobia sexual.

Escrito por David Pérez Borge

David Pérez Borge

Psicólogo con formación cognitivo conductual.
Sexólogo y Terapeuta de pareja.
Terapeuta familiar sistémico.
Consulta en Barcelona, Sabadell y Santa Coloma.

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