Fobia Social

El miedo es una emoción adaptativa que nos activa para afrontar o huir del posible peligro que se nos presenta. Provoca una reacción fisiológica y cognitiva que nos ha permitido a lo largo de los años sobrevivir y no sucumbir frente a las amenazas contra nuestra integridad. Sin embargo, esta emoción que es una herramienta natural y saludable de protección, puede acabar adquiriendo un tamaño desproporcionado que acabe siendo un problema mucho más grave para nosotros mismos que el mismo peligro del que nos debería prevenir.

 

De igual manera sucede en el caso de la Fobia Social que es el motivo de este artículo. En el continuum que supondría el miedo a la interacción social encontraríamos en el inicio un cierto nerviosismo o inseguridad y en el otro extremo el Trastorno de ansiedad social o fobia social.

Los criterios  del manual diagnóstico DSM-V para este trastorno son los siguientes:

  1. Miedo o ansiedad intensa en una o más situaciones sociales en las que el individuo está expuesto al posible examen por parte de otras personas. Algunos ejemplos son las interacciones sociales (p. ej., mantener una conversación, reunirse con persones extrañas), ser observado (p. ej., comiendo o bebiendo) y actuar delante de otras personas (p. ej., dar una charla).
  2. El individuo tiene miedo de actuar de cierta manera o de mostrar síntomas de ansiedad que se valoren negativamente (es decir,que lo humillen o avergüencen; que se traduzca en rechazo o que ofenda a otras personas).
  3. Las situaciones sociales casi siempre provocan miedo o ansiedad.
  4. Las situaciones sociales se evitan o resisten con miedo o ansiedad intensa.
  5. El miedo o la ansiedad son desproporcionados a la amenaza real planteada por la situación social y al contexto sociocultural.
  6. El miedo, la ansiedad o la evitación es persistente, y dura típicamente seis o más meses.

 

fobia social 1

 

La causa de este problema puede variar en gran medida respecto a cada persona pero en líneas generales se han apuntado diversos posibles factores que pueden configurar su origen: cierta predisposición genética, experiencias de abuso, de maltrato o desprecio por parte de otras personas y patrones de aprendizaje social o por condicionamiento que llevan a concebir la interacción social como una amenaza, un peligro a evitar.

Las pautas de intervención terapéutica son diversas también y se centran en los múltiples aspectos que condicionan este miedo desproporcionado. Para romper el círculo vicioso de ansiedad-evitación que se lleva a cabo, estas personas deberán realizar un reaprendizaje que les haga comprender que la evitación de las situaciones temidas solamente proporciona una frágil y estéril seguridad a corto plazo, puesto que el miedo a las mismas se acentúa y refuerza al no ser afrontado. Por lo tanto la única forma de reducir la ansiedad que produce la interacción social es una exposición a estas situaciones temidas que permita reducir la reacción fisiológica y comprobar que los temores relacionados son infundados. Una exposición progresiva y controlada a estas situaciones que generan ansiedad permitirá a la larga perder-el temor asociado.

Paralelamente a la exposición a las situaciones ansiógenas, un entrenamiento en habilidades sociales permitirá aprender nuevas pautas de interacción y recursos que refuercen la seguridad en la propia actuación.

Asimismo también es adecuado trabajar todos aquéllos aspectos relacionados con la autoestima y la valoración hacia uno mismo, derivada de las posibles experiencias más o menos negativas que haya podido pasar la persona, que generan una mayor inseguridad respecto a la adecuada actuación en estos contextos sociales y que quizás pueden constituir el origen de este problema.

El miedo es una emoción muy poderosa que en una medida desproporcionada acaba tomando el control de nuestra vida, constriñendo nuestro espacio vital y reduciendo nuestro margen de actuación. En el momento en que cedemos al miedo y coartamos nuestra autonomía, tanto a nivel individual como social, en beneficio de una supuesta mayor seguridad estamos renunciando a un aspecto fundamental de nuestra vida, la libertad, y eso sí que debería atemorizarnos.

 

 

 

Escrito por Adrià Gilabert

Adrià Gilabert

Licenciado en psicología en la Universitat Autònoma de Barcelona, máster de Práctica Clínica en la fundación AEPCCC, Máster de Conducción de Grupos Universitat de Barcelona.

Llevo a cabo psicoterapia individual por cuenta propia, en el centro UAP de Barcelona y en el Centre Mèdic Mollet.

También trabajo con grupos en los ámbitos clínico, social y formativo.

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