Fobia a la sangre o Hematofobia

El termino fobia alude a un miedo excesivo a un objeto, circunstancia o situación específicos. Pueden distinguirse dos tipologías:

  • Fobia específica: es aquella que hace referencia a un miedo intenso y persistente a un objeto o situación.
  • Fobia social: es aquella que hace referencia a un miedo intenso y persistente a situaciones que puedan ser embarazosas y en las cuales el sujeto pueda ser juzgado por otros individuos.

Las fobias específicas son más prevalentes que las fobias sociales. Es el trastorno mental más frecuente en mujeres y segundo más frecuente en hombres (Kaplan & Sadock, 2008). Estos son los objetos temidos ordenados por aparición : animales, tormentas, alturas, enfermedades, lesiones y muerte.

Etiología

Hay diversas fuentes de las cuales se puede derivar una fobia tanto específica como social. Éstas fuentes pueden ser las teorías del aprendizaje (condicionamiento clásico – teorías simples), factores psicoanalíticos (represión de sentimientos canalizados en otros objetos), actividades contrafóbicas (buscar el peligro), modelado, inhibición conductual durante la infancia, etc.

Epidemiología

 Son muy frecuentes en EE.UU (5-10%) y la prevalencia de ambas es para FE (11%) y FS (3-13%).

La hematofobia es un tipo de fobia específica. Esta consiste en la presencia de miedo y conductas de evitación/escape ante lugares con exposición a sangre y/o heridas.

Se inicia comúnmente en la infancia, sobre los 5 y 9 años de edad. Puede tener una etiología diversa (cómo he comentado anteriormente) aunque suele ser agrupada por un patrón familiar, es decir, uno de los progenitores o familia cercana sufre de esta fobia y por modelaje el niño puede aprenderla también. Tiene una prevalencia hasta un 31% sobre la población general generando un gran impacto.

Las características clínicas son principalmente el miedo y la evitación a este tipo de situaciones o visualizaciones. La característica más esencial son los desmayos. Ésta es la única fobia dónde el sujeto puede sufrir un desmayo. Se produce bradicardia e hipotensión las cuales siguen frecuentemente a la taquicardia inicial común a todas las fobias. Este patrón se conoce como respuesta bifásica porque se divide en dos fases:

  • Fase 1: aumento del ritmo cardíaco, presión arterial elevada y aumento en la respiración (sistema nervioso simpático).
  • Fase 2: descenso de estos parámetros que puede llevar al desfallecimiento o pérdida de conocimiento. Esta brusca activación del sistema nervioso parasimpático provoca una dilatación periférica de los vasos sanguíneos disminuyendo el aporte de oxígeno al cerebro, por lo tanto, desvanecimiento.

También hay un pensamiento anticipatorio de consecuencias negativas que antecede a la exposición a estas situaciones (p.e una analítica de sangre). Los días previos a esta exposición se produce insomnio, parasomnias, nerviosismo, irritación, cambios en el estado de ánimo, etc.

Los pacientes con esta tipología de fobia suelen evitar los ambientes hospitalarios, analíticas, consultas médicas y esto produce una dificultad a la hora de detectar la patología. Suelen ser personas muy evitadoras cosa que complica el tratamiento y la adherencia a éste.

Evolución y pronóstico

 Iniciadas en la infancia y continúan en la edad adulta durante años con una gravedad relativamente constante. El malestar es generalizado y condiciona la vida del paciente ante intervenciones hospitalarias de cualquier tipo, incluso en la vida familiar. Es mantenido gracias a la evitación.

Puede haber comorbilidad con otros trastornos de ansiedad, los trastornos del estado de ánimo (más frecuente con fobia específica), trastornos relacionados con substancias, bulimia nerviosa y trastorno de personalidad evitativo (difícil de diferenciar de la fobia social).

Hay diversos tratamientos para la hematofobia, siendo el más recomendado el de exposiciones graduales + técnicas para evitar el desmayo (activación). Refuerzo para concienciar a los pacientes de que la exposición es segura. Compromiso terapéutico, identificar objetivos y estrategias. Primero se expone al paciente in vitro (imaginación) y luego en vivo.

Otros tratamientos son:

  • Psicoterapia orientada a la exposición: apremiar activamente a los pacientes a experimentar la ansiedad y superarla.
  • Hipnosis: cómo método de relajación.
  • Terapia de apoyo familiar
  • En ocasiones están indicados los tratamientos farmacológicos: ISRS, Benzodiacepinas (buspirona) ó IRSN (venlafaxina) . En casos graves IMAO irreversibles o reversibles.

Por lo tanto, después de esta breve exposición del trastorno cabe añadir que hay que tener especial cuidado con él ya que es la única fobia que puede causar desvanecimiento (también llamado síndrome vasovagal, Fouds 1993). Y también cabe tener en cuenta que es uno de los trastornos que más evitación provoca dado que a no ser que el paciente se dedique al ámbito hospitalario no tendrá mucho contacto con la sangre.

 Éste trastorno puede causar un gran deterioro dentro de la vida social del paciente (un amigo tiene un accidente y no puede ser socorrido), laboral (un corte en el lugar de trabajo) y sobretodo familiar si se tienen niños pequeños. Es un peligro también en la conducción si se visualiza un accidente de tráfico en el que hay sangre.

Debido a esto es importante tener en cuenta el tratamiento a seguir siempre que haya un paciente que cumpla todos los requisitos para este diagnóstico y asegurarse que no se desmaya durante las exposiciones para lograr una vida lo más simple posible.

Escrito por Cristina Pérez

Cristina Pérez

Graduada en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona con mención en clínica de adultos. Experiencia con pacientes con TCA y Hospital de Día.

Un comentario de “Fobia a la sangre o Hematofobia

  1. Excelente artículo. Hay que tener en cuenta también el grado de como la persona afectada tiene para poder curarse. Siempre digo para cualquier tipo de fobia es enfrentarse a ella como parte de la recuperación.

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