Escuchando voces

¿Cuántas veces estando solos en casa hemos creído escuchar una voz?. A todos nos ha pasado alguna vez que nos giramos diciendo ‘’¿me has dicho algo?’’ y nuestro compañero lo ha negado con rotundidad. ¿Captura de pantalla 2014-07-30 a la(s) 13.41.23Cuántas veces hemos hablado solos?.

Todas estas preguntas no tienen una respuesta numérica exacta pero sí tienen una respuesta afirmativa.

Pero ¿qué pasa cuando oímos voces?. ¿Es un complejo mecanismo de nuestro cerebro que nos hace parecer locos o es una respuesta adaptativa a nuestras experiencias?

La organización Intervoice, desde hace años lucha para que la respuesta a esta pregunta sea la segunda opción. Formada por el psiquiatra Dirk Corstens y liderada por Marius Romme esta organización intenta que se reconozca el fenómeno de escuchar voces (entre otras experiencias sensoriales anómalas) como un hecho totalmente adaptativo de nuestro sistema y no como una enfermedad mental.

Eleanor Longden, es un claro ejemplo de esta experiencia. Doctora e investigadora en Psicología, Eleanor estuvo años luchando contra sus voces internas. Muchos años y experiencias después le han demostrado como la interpretación de estas ha sido un mecanismo para poder sobrevivir. Fue diagnosticada de Esquizofrenia y tratada por un sistema que no supo entenderla. Con cada tratamiento para sus voces ella se sentía peor.

Según cuenta, partía de una personalidad premórbida acorazada por una fachada de omnipotencia escondiendo miedo e inseguridad que incluso ella misma acabó creyéndose. Al principio, las voces que escuchaba eran inocuas y sin ningún sentido, éstas describían acciones, pensamientos y sentimientos que ella tenía sin ningún tipo de amenaza. Progresivamente, estas voces fueron tomando poder sobre ella y sus acciones llegando a un deterioro máximo a los dos años. Desesperada y desesperanzada incluso llegó a agredirse a sí misma para no tener que escuchar voces ni aquellos extraños compañeros que llegaban con ellas como los delirios y las alucinaciones visuales.

Cuenta que sus primeros errores fueron pedir ayuda a un sistema que no sabía entenderla y evitar sus voces. Iba todo el día medicada para no tener que oír las terribles voces que se habían instalado en su cabeza y la acechaban psicológicamente.

Gracias a toda esa gente que la ayudó durante años llegó a entender que esas misteriosas voces no eran dañinas, si no que eran la expresión de eventos traumáticos sobretodo de su infancia. Significaban una fuente de conocimiento de problemas emocionales solucionables ahora que tenía todas las herramientas necesarias para entenderlos.

Por lo tanto, lo que nos enseña Eleanor con su experiencia es un movimiento psicológico y psiquiátrico dónde el reconocimiento y entendimiento de las propias voces del paciente es la clave para solucionar su problema, más que el hecho de evitarlas y medicarlas.

Escrito por Cristina Pérez

Cristina Pérez

Graduada en Psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona con mención en clínica de adultos. Experiencia con pacientes con TCA y Hospital de Día.

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