El sueño (I): ¿Qué sucede mientras dormimos?

My_lovely_sister_is_sleeping_by_xpoweruserTodos hemos tenido, en algún momento u otro, alguna noche en la que nos parece imposible conciliar el sueño. Nos metemos en la cama y nuestra cabeza parece activarse más que nunca. Nos decimos “¡venga va, a dormir!”, pero estamos inquietos, el tiempo se hace eterno y a la vez el reloj vuela marcando una hora tras otra. Cambiamos de postura, boca arriba, boca abajo, hacia un lado, hacia el otro… Nada nos ayuda a conciliar el sueño, nos desesperamos y la noche parece no acabar nunca.

El sueño es una de las funciones básicas de nuestro organismo, pero también es una de las que más fácilmente puede verse alterada. Las preocupaciones del día a día, los problemas en el trabajo, problemas con la familia… La más mínima preocupación puede hacer que nuestro ritmo del sueño se vea afectado y suframos de insomnio de manera puntual.

Esta es la primera de una serie de publicaciones en las que hablaremos del sueño, los diferentes trastornos del sueño y las pautas que se deben seguir para conseguir un sueño regular y reparador.

¿Qué sucede mientras dormimos? 

Antaño se solía pensar que el dormir era un proceso pasivo, es decir, se creía que cuando una persona dormía su cuerpo se “apagaba” y se mantenían sólo las funciones básicas para que el organismo continuara vivo. Sin embargo, un día una enfermera de un servicio de neonatología observó que los recién nacidos movían sus ojos de un lado a otro al dormir. Gracias a que los párpados de los recién nacidos son mucho más finos que los de los ojos de un adulto, la enfermera pudo ver este movimiento ocular que hacían los recién llegados y esto despertó la curiosidad científica y el interés por estudiar qué es lo que nos sucede mientras dormimos.

Con el tiempo, se ha ido comprobando que el dormir no es para nada un proceso pasivo sino todo lo contrario. El sueño es un proceso totalmente activo: mientras dormimos nuestro cuerpo realiza diferentes funciones  pasando por diferentes fases, seamos o no conscientes de ello.

Una persona adulta que no tenga ningún tipo de problema relacionado con el sueño pasará en concreto por cinco fases diferentes. En cada una de estas fases el sueño tiene unas características particulares. Vamos a ver en qué consisten estas fases:

FASE I 

En esta primera fase es cuando nuestro cuerpo empieza a prepararse para ir a dormir. Nuestra actividad cerebral pasa poco a poco a ser más calmada, nuestros párpados se abren y se cierran, y nuestros ojos empiezan a hacer pequeños movimientos lentamente. ¿Quién no ha tenido alguna vez la sensación de que los párpados nos traicionan y luchan por cerrarse mientras vemos una película o mientras intentamos fingir que nos interesa una aburrida conversación? Esa es la primera fase del sueño.

FASE II 

Una vez dejamos de luchar con nuestros párpados, Morfeo llega a nosotros aún sin que lo sepamos. Nuestra actividad cerebral sigue siendo lenta (entre unos 3,5 y 7,5 Hz). Sin embargo, entre dos y cinco veces por minuto van apareciendo puntuales aumentos de actividad cerebral que, al contrario de lo que puede parecer, nos ayudan a mantener el sueño y evitan que nos despertemos con los ruidos inesperados. Estos picos de actividad son unas ondas cerebrales de mayor intensidad (las cuales aquí no explicaremos porque no queremos que empecéis ya a quedaros dormidos).

Lo más curioso de esta fase es que, aunque la persona ya está totalmente dormida, si la despertamos negará rotundamente que estuviera durmiendo ya que en esta fase aún no se tiene conciencia de estar dormido. ¿Alguna vez has batallado con alguien por justificar que no te acabas de quedar dormido y él asegura que sí? Pues siento comunicarte que, seguramente, ese alguien tenía razón, estabas dormido, en concreto estabas atravesando el segundo estadio del sueño.

FASE III y FASE IV 

Estos dos estadios del sueño son dos fases muy parecidas. Lo que las caracteriza es que en ellas aparece lo que se denomina actividad delta, ondas cerebrales de una intensidad menor a los 3,5 Hz. La diferencia entre la fase III y la IV es el porcentaje de actividad delta que aparece. La fase IV es en la que el sueño es más profundo y sólo los ruidos más fuertes consiguen despertarnos. Si por cualquier motivo nos despertamos mientras nos encontramos en esta fase, nos sentiremos aturdidos, desubicados y torpes. ¿Quién no se ha despertado alguna vez con la sensación de estar descolocado y no saber muy bien dónde está? Además, es en estas fases del sueño donde nuestro cuerpo segrega con más intensidad la hormona responsable del crecimiento.

Estas cuatro fases anteriores del sueño componen lo que denominamos sueño de ondas lentas o sueño No REM (NREM). El sueño de ondas lentas, especialmente la fase IV, nos sirve, sobretodo,  para que el cerebro descanse. Las zonas del cerebro que están más activas durante el día son aquella que, mientras dormimos, presentarán más cantidad de ondas lentas para recuperarse del esfuerzo realizado.

REM

Una vez hemos recorrido estas fases, si continuamos durmiendo pasaremos a un tipo de sueño totalmente diferente al sueño de ondas lentas. Es el sueño paradójico o también conocido como sueño REM (sueño de movimientos oculares rápidos, en inglés). Como su nombre indica, en esta fase del sueño nuestros ojos hacen movimientos muy rápidos. Además, nuestro cerebro aumenta considerablemente su actividad y llega a aparecer lo que se conoce como ritmo beta, ondas cerebrales de entre 13 y 30 Hz. Lo curioso es que este tipo de ondas cerebrales son las que aparecen cuando, estando despiertos, realizamos actividades que requieren un esfuerzo mental considerable y fijamos nuestra atención en ello. Es decir, aunque estemos durmiendo, nuestro cerebro está realmente activo haciendo y trabajando a pleno rendimiento. Algo curioso también de esta fase del sueño es que aunque puede ser que un ruido fuerte no nos despierte, si oímos algo que para nosotros es importante o tiene cierta relevancia sí nos despertaremos, por ejemplo, al oír nuestro nombre o escuchar el llanto de un bebé. Esta fase del sueño nos es útil para fortalecer y consolidar los aprendizajes que hemos hecho durante el día.

Otros cambios que experimenta nuestro cuerpo cuando estamos en esta fase del sueño son:

  • Hipotonía y atonía: nuestro cuerpo va intercambiando momentos en los que hay cierto tono muscular con períodos de tiempo en los que el tono muscular se pierde casi por completo.
  • Cambios en el flujo sanguíneo: éste está más activo y por lo tanto hay mayor oxigenación por todo nuestro cuerpo.
  • Miosis y midriasis: nuestras pupilas se contraen (miosis) y se dilatan (midriasis) de manera intermitente.
  • Genitales: durante esta fase los genitales tanto masculinos como femeninos experimentan erecciones y aumenta el volumen de las secreciones que producen.

¿Y cuándo soñamos? 

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Aunque no siempre lo recordemos, siempre que dormimos soñamos. Los sueños, o actividad onírica, se producen tanto en la fase IV como en el sueño REM.

Los sueños de la fase IV son de tipo terrorífico y no solemos tener recuerdo de ellos a no ser que tengan una fuerte intensidad. Por el contrario, los sueños que tenemos durante el sueño REM son más fácilmente recordables, tienen una estructura narrativa (incluso aunque no tengan siempre secuencias lógicas), tienen un fuerte componente visual y suelen estar cargados de contenidos emocionales.

Una vez hemos despertado es muy normal que empecemos a olvidar rápidamente qué acabamos de soñar. Si eres de los que tienen curiosidad y te gustaría ser capaz de recordar lo que has soñado,  un ejercicio muy sencillo que te ayudará a recordar más a menudo tus sueños es el siguiente. Pon en la mesita de al lado de tu cama una pequeña libreta y un lápiz o bolígrafo. Nada más despertar apunta aquello que recuerdes del sueño que acabas de tener. Apunta todo lo que recuerdes, aunque sean pequeñas cosas sin sentido y no se conecten unas con otras. A medida que vayas haciendo esto, día tras día, empezarás a recordar más fácilmente qué has soñado. Pruébalo y déjate sorprender por tus sueños.

Escrito por Jennifer Drago

Jennifer Drago

Psicóloga Licenciada por la Universidad de Barcelona.
Máster en Práctica Clínica por la Asociación Española de Psicología Clínica Cognitivo Conductual.

Cofundadora de Drago Psicología.
Consulta en Zaragoza (junto Av. de San José) y Barcelona

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