El drama de los refugiados: la dignidad de la especie en juego.

Personas cruzando a pie países enteros. Personas asfixiadas en camiones que se lucran ilegalmente conduciéndolos a la perdición. Personas cruzando el mar con balsas, personas ahogadas en el mediterráneo, un mar que este año se ha convertido en cementerio. Personas desesperadas frente los muros de la frontera de Hungría y los gases lacrimógenos de la policía. Las imágenes del drama que están viviendo los refugiados que llegan a Europa desde diferentes países en conflicto impactan en nuestras retinas y retumban en nuestras conciencias, generando impotencia y frustración frente a la inaceptable injusticia que supone esta situación para la humanidad.

La mayor parte de los refugiados que acuden a Europa con la esperanza de poder sobrevivir, provienen de Siria, un país que está siendo devastado desde hace 4 años por una guerra entre la dictadura opresora de Bashar Al-Asad (apoyada por Rusia) y el frente rebelde que lucha por derrocar el régimen y que reciben apoyo militar de Estados Unidos y de otros países occidentales, a su vez diferentes países de oriente medio proporcionan apoyo a una facción y a otra según sus intereses políticos. En medio del caos y la devastación que supuso esta guerra, que continua actualmente, surgió el grupo terrorista fundamentalista Estado Islámico, que financiado supuestamente por países como Qatar, intenta llevar a cabo su guerra santa que ha resultado ser un baño de sangre atroz que nada tiene que ver con el islam. Situación similar ocurre en Libia y Afganistán de donde provienen muchos refugiados también, y qué decir de otros países donde la nociva acción o inacción de Occidente ha comportado una situación de inestabilidad absoluta como Ucrania o Palestina entre otros. Este es un análisis reduccionista pero nos sirve para realizar una radiografía general para orientarnos sobre el origen de la crisis actual.

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Las personas que están arriesgando sus vidas para huir de una probable muerte en su país, están viviendo situaciones extremas de sufrimiento físico y emocional, están luchando por sobrevivir, dejando atrás su devastado país de procedencia i sus perspectivas de futuro, embarcándose en una odisea de incertidumbre y dificultades.

Como explicamos en el artículo Ulises y la nostalgia del emigrante, el psiquiatra Joseba Achotegui postuló su teoría del “Síndrome de Ulises” o “síndrome del emigrante con estrés crónico y múltiple”. Este síndrome se caracteriza por síntomas de estrés crónico severo que surgen en respuesta a situaciones extremas de duelo migratorio que la persona no es capaz elaborar ni superar. Cursa a menudo con síntomas somáticos como insomnio, tensión, fatiga y diferentes problemas físicos, además de problemas cognitivos, irritabilidad y estado de ánimo deprimido.

Este síndrome seria el agravamiento y cronificación de los signos típicos del llamado “duelo migratorio”. Éste es el proceso en que la persona emigrante sufre un periodo de desapego y desarraigo por la pérdida de su hogar, su entorno, familia, amigos y costumbres cosa que puede ocasionar sentimientos de tristeza y soledad además de síntomas de estrés al afrontar el conjunto de cambios en su nueva vida. En este punto radica el quid de la cuestión: la imposibilidad de adaptación al nuevo escenario donde se han desplazado estas personas para poder continuar dignamente su proyecto vital, la frustración al no cumplir sus expectativas, la situación de pobreza que siguen padeciendo así como el rechazo y desprecio que reciben por parte de muchas personas comporta que se sientan completamente fuera de lugar, desengañados, frustrados y con un profundo malestar emocional.

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Podemos intuir que, debido a las situaciones extremas que están viviendo las personas refugiadas que están llegando a Europa, probablemente muchas padecerán consecuencias psicológicas como las que hemos presentado y por ello es necesario que reciban el apoyo y comprensión de la población y los estados que los acojan.

Lamentablemente la Unión Europea ha demostrado una vez más ser un patético merecedor del premio Nobel de la paz, después de años de crisis económica durante los que han conseguido destruir el estado del bienestar de los países más frágiles ahora se muestra totalmente inoperativa para dar respuesta a esta crisis humanitaria. Una Unión Europea que tampoco esta vez ha aprendido de los errores del pasado y que presume de ejemplo de pacificación y reconciliación mientras somete a los estados del sur de Europa.

Por dignidad humana debemos ayudar, debemos auxiliar a estas personas, ya que nuestros países no han sido capaces de ayudarles a pacificar su tierra, sino que han empeorado aún más la situación. Debemos demostrar que los gobiernos no son merecedores de la población a la que gobiernan y sumar esfuerzos para comprender y ayudar a estas personas. Están en juego sus vidas y está en juego la Humanidad de la especie.

Escrito por Adrià Gilabert

Adrià Gilabert

Licenciado en psicología en la Universitat Autònoma de Barcelona, máster de Práctica Clínica en la fundación AEPCCC, Máster de Conducción de Grupos Universitat de Barcelona.

Llevo a cabo psicoterapia individual por cuenta propia, en el centro UAP de Barcelona y en el Centre Mèdic Mollet.

También trabajo con grupos en los ámbitos clínico, social y formativo.

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