Diario de un cocainómano en rehabilitación

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La primera sesión con mi psiquiatra estuve demasiado a la defensiva no quería escuchar lo que él me decía, para mi aquello era una pérdida de tiempo, solo acudía porque se lo había prometido a mi novia. La última bronca que tuvimos fue diferente a las demás y sabia que solo con palabras no iba a conseguir que se quedara. Mi consumo había ascendido los últimos meses y ella ya no podía soportar descubrir mas mentiras, ni hacer como que no pasaba nada cuando en realidad pasaba todo.

Es hora de hacer algo y dejar las promesas-me dijo.

Acudimos un lunes por la mañana a aquella consulta, llevaba algunos días sin consumir y estaba bastante irritable, lo confieso, por ello cuando el psiquiatra empezó a hacerme preguntas sobre lo que consumía, sobre mis expectativas de seguir un tratamiento, le hable mal, con soberbia, sin ningún tipo de respeto. Seguidamente el doctor me dijo que me fuera que yo no quería su ayuda y que él no estaba allí para perder el tiempo con personas que no se querían ayudar a sí mismas. Salí de allí de mala manera, no me podía enfrentar así a mi novia, estaba ilusionada con aquello, así que me quede en el coche un de par de horas antes de que llegara la tormenta.

La segunda consulta fue diferente, me sentía tan avergonzado que lo primero que hice fue pedirle perdón, era lógico que no me quisiera ni ver. La sesión fue bien, le conté como empecé a consumir, durante la adolescencia, para mí era normal salir los fines de semana y comprar cocaína, era mi forma de relajar las tensiones de la semana, pero pronto lo necesitaba durante los días laborales, para comenzar el día con buen pie. Todos mis consumos tenían un motivo, un argumento justificado por lo que me costaba reconocer que todo aquello era una adicción total a la cocaína. Recuerdo tan bien todos sus efectos: la euforia casi inmediata que sentía nada mas colocarme me hacia olvidar todo aquello malo que me dolía.

Aquello negativo, como las taquicardias, las nauseas, los vómitos, eran efectos secundarios que olvidaba al volver a consumir, tenía claro que aquello me acabaría matando pero lo necesitaba más que a nada. Tenía con ella una dependencia insana.

Lo peor de comenzar con la terapia fue soportarme los primeros meses, mi estado de ánimo era una noria, cada vez me sentía más deprimido y sin ganas de hacer nada. El doctor me dijo que era normal sentirme así durante un tiempo que era producto de la abstinencia y que debía intentar hacer vida normal, ir a trabajar, salir con mis amigos e intentar hacer algo de deporte para contrarrestar la apatía.

El síndrome de abstinencia es duro, insoportable en algunos momentos pero pase por aquello con ganas porque quería que todo se terminara y rehacer mi vida, viviendo con nuevas expectativas y vacía de mentiras.

La abstinencia se puede dividir en las siguientes fases:

  • Fase de choque o crash. Aparece a las 6-12 horas del último consumo con una duración aproximada de unos 4 días. A las 48 horas sin consumo se produce un deseo irrefrenable de consumir acompañado de inquietud, falta de apetito, ánimo bajo, sensación de fatiga e insomnio o hipersomnia.
  • Fase de privación. Dura 3 o 4 meses, durante este tiempo el sueño y el estado de ánimo se van regularizando. El tratamiento psicológico debe encaminarse hacia el control estimular, puesto que el ambiente puede influir en las recaídas.
  • Fase de extinción. Entre 3 y 12 meses, el deseo de consumir se ve condicionado a estímulos exteriores. Es importante haber llevado a cabo una buena psicoeducación.

El doctor me explico que debía de tener en cuenta mi estado de ánimo y no dejarme llevar, como solía hacer, puesto que, una de las cosas que me iba a ayudar a dejar de consumir era conocerme e intentar descubrir que eran esas cosas que me activaban el deseo de consumir. Si llegaba a entenderme podía prevenir el consumo. Los bajones emocionales influían mucho en mi deseo, era automático. Ahora lo tengo mas controlado pero voy con pies de plomo para no volver a caer.

Esta historia no es real, es un narración inventada a partir de las diferentes historias que he podido ver gracias a mi experiencia en una unidad de conductas adictivas. 

Para finalizar, me gustaría aportar lo siguiente: se que es difícil pero hay mucha gente valiente que decide cambiar, que luchan y que lo consiguen. Espero que esto ayude a reflexionar por el cambio y tomar la decisión de pedir ayuda.

Escrito por Inés Català Borredà

Inés Català Borredà

Licenciada en psicología
Máster en Psicopatología, neuropsicología y salud

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