CUERPO, PINTURA Y CONSTELACIONES DESDE EL ARTETERAPIA

Comienza el grupo. Después de algún tiempo dedicado a las presentaciones, a mostrar el encuadre de trabajo y a los primeros contactos de reconocimiento mutuo, les propongo el ejercicio corporal: se reparten en parejas, uno se sienta con la espalda apoyada en una pared y coloca sus manos suavemente sobre la espalda del otro, que se sitúa delante de él o ella, también sentado, dándole la espalda. Uno sostiene al otro que se entrega.  Se trata de tomar consciencia de las resistencias a entregarse física y afectivamente para recibir un sostén físico y emocional. Se trata de la capacidad para escuchar y recoger con empatía a otra persona desde el cuerpo, ofreciendo apoyo sin olvidarse de su propio bienestar.  

El trabajo corporal permite reducir las defensas conscientes para facilitar la expansión del hemisferio derecho del cerebro, así desarrollamos un contacto más profundo con la emoción, la intuición y la presencia consciente en el ahora.

“Así como el cuerpo de tu compañero te sostiene, y puedes aflojar tu peso sobre él, así también el papel en el que vas a pintar te sostiene, como una prolongación del cuerpo”.

Desde el contacto con el otro pasamos al contacto con el material,  los contenidos inconscientes se van volcando en el papel. Trato de facilitar el fluir del proceso atendiendo a posibles interrupciones (defensas de la mente).  Al permitir el proceso, emerge una figura o figuras desde el fondo indiferenciado de la pintura.

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La creación no existe plenamente hasta que es compartida. Es este un proceso triangular, con tres vértices: 1.creador (cliente)-2.producción (obra)-3.arteterapeuta (o grupo). Con mi mirada externa como arteterapeuta ofrezco el permiso a lo que existe más allá de las resistencias y mecanismos racionales, facilitando el acceso al inconsciente y la creación desde el si mismo.

“Lo que la persona no puede crear sola, puede hacerlo si es acompañada por la aceptación y el respeto del arteterapeuta. Mi presencia real ofrece esta posibilidad.”

La imagen simbólica que ha sido dada a luz a través de este proceso tiene una gran fuerza transformadora por sí misma.  A veces la persona que creó las imágenes puede darse cuenta de estos contenidos, comprenderlos y nombrarlos, y así lo facilitamos, pero otras veces no puede nombrar (por simple dificultad, o falta de madurez, o porque padece alguna enfermedad o daño físico, cognitivo o emocional)  y eso no quiere decir que no queden resueltos en un nivel inconsciente.

Evito intelectualizar, y al mismo tiempo uso la imagen simbólica como un territorio de múltiples significados, que aunque nunca pueden abarcar ni agotar el misterio de la imagen, me sirven para ampliar la toma de conciencia sobre los asuntos vitales del cliente, sus mecanismos de defensa, sus guiones de vida, aquellos lugares de atasco que necesitan ser atravesados. En esta línea puedo utilizar la producción simbólica como el inicio de un nuevo proceso creador.

Un camino posible es trabajar con la pintura que ha realizado uno de los miembros del grupo. Invito a la persona a elegir varios elementos plásticos de su pintura para ser encarnados por los distintos miembros del grupo. Éstos encarnan los elementos con su propio cuerpo: toma una posición en el espacio de la sala con respecto a los otros participantes, y una postura estática o gesto de su cuerpo, que representa el elemento plástico elegido. Así se configura una constelación, en la cual los participantes “son movidos” por fuerzas que llegan espontáneamente a sus cuerpos, a partir de la imagen pictórica inicial. El creador de la pintura observa desde fuera. Yo acompaño el proceso, es muy similar a las constelaciones familiares, solo que aquí los representantes no encarnan personas de la familia del cliente, sino elementos simbólicos nacidos de una creación pictórica elaborada por el cliente. A medida que la constelación se desarrolla, de manera espontánea irán surgiendo contenidos que pertenecen a la historia emocional de la persona que constela y del resto de los representantes.

Esta es una técnica poderosa para llegar a espacios de la persona que han sido negados y aceptarlos y reintegrarlos, ya que en este proceso extenso, donde se están trabajando varios aspectos simultáneamente (lo individual y el grupo, el movimiento corporal, las imágenes inconscientes, la creación con materiales, el sistema familiar–social, etc.) el cliente se abre a una experiencia en la cual puede dejar a un lado lo conocido, lo lógico y racional, y sumergirse de manera progresiva en un espacio de misterio, un espacio poético, donde afloran los conflictos no resueltos y las necesidades profundas del alma. Se hace posible así obtener una información importante para la sanación de la persona, a la vez que se ponen en marcha sus fuerzas creadoras de una manera activa e implicada.

En Integración Creadora nos basamos en un proceso creativo vincular intermodal,  donde interactúan los lenguajes artísticos con el cuerpo y la relación afectiva. El ejemplo que comparto es sólo uno de los múltiples modos de intervención que aplicamos en Arteterapia Integración Creadora, desde el principio de que cualquier persona, “sana” o “enferma”, puede servirse del Arteterapia para realizar cambios en su vida. Estos cambios se hacen reales gracias a la reconexión con las fuerzas creadoras de sanación, que nos pertenecen y a las que pertenecemos naturalmente, y que somos capaces de recordar al construir una mirada y un vínculo de respeto y amor, que se apoya en el gran orden de la Vida.

Escrito por Javier Melguizo Escuela Hephaisto

Javier Melguizo Escuela Hephaisto

Terapeuta Gestalt formado en Equipo Centro y CIPARH. Licenciado en Bellas Artes por la UCM. Formado en técnicas corporales, Bioenergética y meditación. Más de 15 años de experiencia en conducción de grupos. Formador en expresión plástica-corporal y Arteterapia, he creado mi propia manera de formar o acompañar en el arte y de hacer Arteterapia, a la que llamo Integración Creadora.

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