Cuando éramos niños/as…

Recuerdo perfectamente una ocasión, en el Colegio, tendría 9 años, una pelea entre compañeros. Todo empezó por una discusión absurda: aprovechando que la profesora se había ido a “La Sala de Profesores” (esa habitación que muy pocos privilegiados pudieron ver) para cambiar los libros de la siguiente clase, a uno de los compañeros le tiraron el lápiz al fondo de la clase sin motivo alguno. Al que le habían tirado el lápiz se puso de pie de un salto y sin pensárselo le pegó un empujón al otro tirándolo de la silla. En ese instante, vi como mi amigo se caía al suelo. Sin darme cuenta, estábamos mi amigo y yo peleándonos contra el otro compañero y su mejor amigo. Empujones, algún que otro pellizco y en seguida llegó la profesora. Cogiéndonos fuertemente del hombro nos sacó a los cuatro fuera de la clase. Aún no sé cómo pudo coger cuatro hombros a la vez… El caso es que nos puso de espaldas a la pared del pasillo y nos soltó una regañina. Nos preguntó por los motivos, que por qué lo habíamos hecho, que si realmente un lápiz merecía una pelea, que por qué había tirado el lápiz sin motivo alguno, que si estaba enfadado con el compañero, que si estaba molesto por algo… Toda una serie de preguntas que no sólo nos hacían ahondar en nosotros mismos, sino en el compañero. Hoy, años después, me doy cuenta de que Mª José, que así se llamaba la profesora, nos estaba entrenando en lo que hoy es conocido como inteligencia emocional.

portadaAntes de continuar me gustaría compartir un mensaje que recibí hace un tiempo y que refleja muy bien lo que quiero transmitir. Y es que estoy casi seguro de que más de uno/a se identificará con dos o más aspectos de la lista.

¿Te acuerdas de…?

  • Aquel tiempo, cuando las decisiones importantes se tomaban con un práctico ‘Pito-pito gorgorito… ¿dónde vas tú tan bonito?…A la era verdadera… ¡pim pom fuera!
  • Cuando se podí­an detener las cosas que se complicaban con un simple…: ‘Eso no vale’ ¡Trampa!
  • Los errores se arreglaban diciendo simplemente…: ‘Empezamos otra vez’.
  • Tener dinero, sólo significaba poder comprarte una bolsa de chucherí­as a la salida del cole…
  • Hacer un castillo de arena, podí­a mantenernos felizmente ocupados durante toda una tarde…
  • Para salvar a todos los amigos en el escondite bastaba con un grito: ‘¡Por mí! ¡y por todos mis compañeros!
  • Siempre descubrí­as tus más ocultas habilidades, a causa de un: ‘¿A que no eres capaz?’
  • ‘¡Tonto el último!’ Era lo único que nos hacía correr como locos hasta que el corazón se nos salía del pecho.
  • Los globos de agua eran la más moderna, poderosa y eficiente arma que jamás se había inventado…
  • ‘¡Guerra!’ sólo significaba arrojarse tizas y bolas de papel durante las horas libres en clase…
  • La mayor desilusión era haber sido elegidos los últimos en los equipos del cole…
  • Cuando un helado era la mejor recompensa…
  • Y quitar las ruedas pequeñas a la bici significaba un gran paso en tu vida.
  • Cuando el negocio del siglo era conseguir cambiar los cromos repetidos por el que hacía tanto tiempo que buscabas…
  • Y sólo llorábamos desconsolados cuando íbamos de excursión al campo, nos entreteníamos durante horas y venían a avisarnos de que teníamos que marchar.
  • Cuando ponerte el ‘babi’ a modo de capa te hacía soñar y subido en cualquier escalón deseabas con todas tus fuerzas poder volar como Superman…
  • Todas estas simples cosas nos hací­an felices, no necesitábamos nada más que un balón, una comba y un par de amigos con los que hacer el ganso durante todo el dí­a…

risaMuchas de esas frases todavía resuenan en nuestra memoria y a más de uno/a le habrá venido a la mente el lugar en el que ocurrieron, con quién/es estaba, si era de día o de noche, puede que incluso recuerde la ropa suya de o sus amigos… Si podéis recordar muchas de estas cosas y habéis sonreído, entonces significa que todavía os queda dentro algo del niño/a que fuiste no hace tanto tiempo.

Cuando éramos niños, no nos parábamos a pensar en si debería levantarme y preguntarle al compañero por qué había empujado a mi amigo, no nos parábamos a pensar el motivo por el cual mi amigo le había tirado el lápiz al fondo de la clase sin motivo… Tan sólo reaccionábamos a nuestros sentimientos y a nuestras emociones. No sabíamos apenas qué era la violencia, además que no era nuestra intención hacer daño. Éramos pura emoción y sentimiento.

Cuando la profesora nos sacó fuera, nos hizo darnos cuenta de nuestra acción, de cómo nos sentíamos, de qué nos había llevado a hacer eso… Empezábamos a conocernos mejor no sólo a nosotros mismos, sino también a los demás. Nos decía que nos estrecháramos la mano y en el momento en que se juntaban, todo rencor, toda ira, toda emoción negativa desaparecía. Entrabas a clase y era como si no hubiera pasado nada. Estabas contento. Los/as compañeros/as te miraban como diciendo “menuda bronca tendréis que haber recibido”, pero nosotros nos sentábamos en nuestro pupitre conociéndonos mejor a nosotros mismos, y lo que es más importante, sin rastro alguno de emoción negativa acumulada. Además, el resto de compañeros aprendían que si ya no estabámos enfadados, no merecía la pena recibir un pellizco, o que la profesora se enfadara contigo y que además se lo dijeran a tus padres… Y es que en casa, tus padres también te enseñaban las consecuencias de tus acciones, enseñándote a tomar decisiones.

Éramos puro presente, lo que ocurriera luego no importaba: sabías que te recogerían, que merendarías, que puede que luego fuerais al parque…, pero poco más. Vivíamos el aquí y ahora. Cosa que solemos perder de adultos.

A medida que crecemos, la emoción negativa se va acumulando un poco más en nosotros, apareciendo la rabia, el rencor y no permitiéndonos disfrutar del presente. Empiezan a surgir algo que llamamos preocupaciones, estrés, ansiedad, depresión, incertidumbre, impotencia, duda… Hoy los quebraderos de cabeza, los “y si…”, los problemas ocupan más en nuestra mente, y no sabemos o no nos apetece resolverlos. ¿Qué haría tu parte más infantil?

Por eso, no pierdas el/a niño/a que llevas dentro. Déjale que disfrute de vez en cuando de un buen charco de barro, de esconderte, darle un regalo a alguien, de decir “te quiero”, de no pensar en qué pasará esta tarde. Ya lavarás la ropa cuando llegues a casa, ¿qué prisa hay?; no hay problema en que no te encuentren (¿recuerdas esos nervios a que la persona que te buscaba te encontrara?); regala algo porque te nace y di “te quiero” sin esperar nada a cambio; haz lo que quieras hacer ahora, sin pensar en las cosas que quedan pendientes.

Deja salir al niño/a que llevas contigo y date permiso para disfrutar y vivir el presente… Ahora, ¡tú la llevas!

Escrito por Jorge Perpiñá González

Jorge Perpiñá González

.- Psicólogo General Sanitario en Consulta Privada (Valencia).
.- Máster Universitario en Psicología General Sanitaria por la Facultad de Psicología de la Universidad de Valencia.
.- En formación como Terapeuta Gestalt en el ITG Valencia.
.- Máster Sanitario de Práctica Clínica (Modalidad Intensificación Práctica), organizado y dirigido por la Asociación Española de Psicología Clínica Cognitivo Conductual (AEPCCC), la European Society of Psychology (ESP) y acreditado por la European Foundation of Psychology (EFP).

Un comentario de “Cuando éramos niños/as…

  1. Este artículo está muy bien escrito, logro despertare ese niño interno que todos tenemos -no lo dudo-. Las cosas que uno hacía de chamo tenía mucho tiempo sin refrescarlas. A pensar sin tanto problema, ser lígeros, no hace falta la carga. Mil gracias Jorge.

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