Los celos (I): ¿alerta innecesaria o exceso de amor?

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Los celos son una respuesta emocional que aparece cuando una persona siente la sospecha o inquietud ante la posibilidad de que la persona amada preste atención a otra. Según varios estudios contemporáneos, los celos son inherentes a la naturaleza humana de proteger lo que se quiere ya que se valora la amenaza que supone la pérdida de atención del ser querido y se maximiza la posibilidad de que eso ocurra; la idea de perder un vínculo o ver peligrar su existencia nos martiriza con este horrible sentimiento.

Existen muchos defensores de que los celos son románticos y lo justifican argumentando que quien los siente, quiere de verdad, pero es fácil encontrar razones para contradecir ese pensamiento. La desconfianza en sí mismo y en el otro, hacen exagerar la posibilidad de traición, ruptura, infidelidad o deslealtad pero hemos de ser conscientes de que el miedo a la pérdida o a la soledad pueden conseguir corromper los lazos del amor y destacar sentimientos que impidan disfrutar del avance en la relación. En palabras de Jacinto Benavente, “el que es celoso no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta”, y tiene mucha razón, ya que no es tan peligroso el celoso por lo que ve, en cuyo caso podría decidir reaccionar, sino por lo que imagina que pueda pasar y que lo hace vulnerable.

Los celos están presentes en todas las personas, pero la pérdida de control de los mismos es intrínseca a ciertas características que parecen destacar en quienes los sufren o los generan:

celos aguaFragilidad. La inseguridad y la baja autoestima de las personas celosas hace que se sientan débiles y que no están a
la altura; al compararse con otros “rivales” piensan que podrían ser sustituidos por alguien mejor y se devalúan en cuanto a físico y personalidad. Este rasgo suele advertirse cuando el celoso critica con dureza a los demás y destaca sus debilidades para compensar el sentimiento de vulnerabilidad que padece.

Egoísmo. La idea de posesión que los celosos experimentan sobre el estilo de vestir, las conversaciones o el tiempo de sus parejas les hace creer que pueden decidir sobre la otra persona a pesar de que ese ilusorio control celotípico está basado en el miedo a la pérdida. Se creen con derecho a tomar decisiones respecto al trabajo del otro, a con quien se relaciona y que camino seguir en su vida  lo que limita la independencia en este tipo de elecciones y mella el desarrollo sano de la relación.

Falta de equidad en la pareja. La sensación de injusticia y de no recibir el mismo trato que otras personas por parte de la persona celada hacen desestabilizar la balanza en la que se basa la relación y promueven la búsqueda de atención con métodos a menudo excesivos, ya que la mayoría de las veces se debe a la interpretación de lo que está sucediendo y no a la realidad más absoluta.

A menudo, la forma de expresarse en un momento romántico o en una situación social es posesiva, desigual y alaba al otro de manera exagerada (disminuyendo incluso la visión de nosotros mismos): “te quiero solo para mí”, “no te merezco de lo buena persona que eres”, “no puedo vivir sin ti”, “mataría por ti”… pero debe tomarse como un recurso poético que exagera la circunstancia amorosa en la que se recita y no como un pensamiento sincero que describe la situación real, ya que asumiendo este tipo de oraciones podemos llegar a herir lo que en realidad deseamos amar.

Según Egene W. Mathes, de la Western Illinois University, el libre albedrío que todas las personas poseemos es la principal cuestión de los celos psicológicos. El poder de elegir y de tomar propias decisiones de cada uno, conduce al celoso a pensar en la posibilidad de perder las recompensas y beneficios que la relación reportaba (amor, sexo, buenos momentos…) y a la vez merma su autoestima cuando ve posible sentirse menos importante que una tercera persona a la que su pareja le presta atención y con la que, según él, podría terminar creando un vínculo amoroso.

Los celos pueden llevar a consecuencias devastadoras en la pareja pero han de servir de alerta. Moliere expuso que “el celoso ama más, pero el que no lo es ama mejor”. Y con esto se refiere a que si sientes celos, si te devoran por dentro, tienes que hablarlo con tu pareja para exponer de manera adecuada como te sientes y abordar maduramente lo que está pasando, solucionarlo y amar de una manera más saludable. Expresar lo que sentimos puede aclarar situaciones y mejorar la confianza; de lo contrario pueden destruir por completo a una pareja y/o dejar fuertes huellas en la forma de comportarnos en ella. Si existe una amenaza real que puede hacer peligrar la relación es normal que aparezcan celos pero del mismo modo, los celos nos sirven para asumir el papel de adulto y tomar la decisión más inteligente para nosotros mismos respecto a la relación: habla con tu pareja y pregunta sobre lo que está pasando, ya que tienes derecho a saber y a preguntar aunque no te guste la respuesta. La elección de seguir viviendo en un cúmulo de celos o ser libre y vivir el amor fuera de ellos con otra persona está en tu mano, a pesar de que no sea una opción para ti en ese momento. Si tus episodios de celos son constantes y están infundados, debes plantearte que parte de ti es la que está sufriendo y porqué; esa reacción exagerada es la prueba de que algo no funciona bien en tu interior y te está afectando física, emocional y mentalmente: nadie puede vivir con ese miedo permanente de perder a su pareja y hay que solucionarlo.

Para ello, en el próximo artículo seguiré hablando de los celos y de qué hacer cuando forman parte de la vida en pareja.

Escrito por David Pérez Borge

David Pérez Borge

Psicólogo con formación cognitivo conductual.
Sexólogo y Terapeuta de pareja.
Terapeuta familiar sistémico.
Consulta en Barcelona, Sabadell y Santa Coloma.

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