Azúcares saturados: deliciosamente adictos.

Hace un año y medio un titular como este:”El oficial de salubridad de Ámsterdam tomará medidas legales e implementará advertencias sobre los peligros del consumo de azúcar” revolucionaba a los ciudadanos Holandeses haciéndoles cuestionar el consumo de dicho alimento.

Paul van der Velpen, aseguraba que diferentes investigaciones demostraban que los efectos adictivos del azúcar procesado eran comparables con el tabaco o el alcohol. Especificaba, que el azúcar provoca un deseo insaciable a seguir comiendo, y que por lo tanto crea en nosotros una adicción que es fruto de la intención de la industria alimentaria, para que aumente el consumo de sus productos.

Siendo una noticia holandesa y teniendo en cuenta que es un país el cual siempre ha sido pionero en temas de salud y sostenibilidad, tendríamos que plantearnos cuan de grave es esta problemática para llegar a tener que plantear medidas para prevenirla.

Cuántos de nosotros sin tener aparentemente hambre caemos en la tentación de picar entre horas o no nos podemos resistir a entrar a comprar ese croissant de chocolate que está llamándonos desde un lindo escaparate lleno de repostería. Su sabor nos otorga una gran sensación de placer, despertando la serotonina y activando las partes cerebrales relacionadas con el bienestar. Es por ese motivo, el caer en la tentación, que las dietas resultan ser un fracaso a corto plazo y que por ello deberían ser reemplazadas por terapias de desenganche más adecuadas.

¿Pero qué es y dónde se encuentra el azúcar? Cuando nos ponemos a hablar de azucares refinados los distinguimos porque han sido procesados y industrializados y no contienen ni nutrientes, ni vitaminas, ni minerales. Existen los azúcares simples, fructosa, glucosa y la galactosa, y los complejos o almidones que incluyen tres o más azucares a la vez. No solo los encontramos en los alimentos anteriormente citados conocidos como los dulces, sino que algunos no considerados como dañinos como las legumbres, verduras ricas en almidón, panes y cereales.
Es un alimento natural, básico, que proporciona a nuestro cuerpo la energía necesaria de forma inmediata, pero a su vez y con la producción en masa se ha convertido en el protagonista de todas nuestras recetas sin que seamos conscientes que muchos alimentos lo contienen. A modo de ejemplo voy a elegir la famosa coca-cola a la que a cada lata se le asocian nueve cucharas de azúcar.

Este, es a la vez un riesgo para nuestra salud que puede desarrollar diversas enfermedades crónicas: caries dental, sistema inmunológico debilitado, diabetes tipo 2, obesidad, enfermedades cardíacas o incluso se atribuye a algún tipo de cáncer.

Volviendo al caso holandés, así como en los paquetes de tabaco ya estamos acostumbrados a encontrarnos mensajes sobre los efectos nocivos que este provoca, en este país han acordado advertir a los usuarios de que el azúcar es adictivo y malo para la salud en esos productos alimenticios que hayan sido procesados, así como refrescos y chocolatinas.

Otra investigación hecha con ratas en el laboratorio del Connecticut Collage, extraía la alarmante conclusión de que el azúcar es incluso más adictivo que la cocaína. Cuando las ratas podían elegir entre cocaína y azúcar, la mayoría de ellas lo elegían, incluso después de haber probado la cocaína anteriormente.

La necesidad que tenemos de comer productos como el azúcar está dentro de una construcción social que va en auge y que nos lleva a depender de una industria alimenticia que nos oculta los riesgos de la comida producida en masa.

Azúcar y salud infantil:
Según la Organización Mundia de la Salud en 2010 alrededor de 40 millones de niños menores de cinco años tenían sobrepeso. Esta misma recomienda que el azúcar que debe incluir en la dieta de un niño deberia de ser de 10 gramos de azúcar por cada 100 gramos de comida.
Si nos fijamos en el desayuno de un niño que puede contener cerales, galletas, zumos, yogures, pan… podemos ver que la mayoria de estos alimentos estan dentro del saco de los que contienen azúcares saturados. Desde pequeños crecemos realizando altos ingestos de azúcar, lo cual les hará personas menos saludables y totalmente adictivos a un alimento con nulo poder nutircional.

Otros estudios como el del Dr. Shuentler realizado a 1.000 niños en escuelas públicas de Nueva York durante siete años, donde se rebajaba la dosis de dicho alimento en las comidas, pudo extraer que como consecuencia de ingerirla habitualmente, altera la concentración y aumenta la hiperactividad de los más pequeños.

Enseñar a los más pequeños que el azúcar no es un premio y que en la alimentación está el riesgo de no tener una buena salud, es necesario si queremos que la sociedad del futuro deje de padecer enfermedades muchas veces irreparables.

Escrito por Meia

Meia

Técnica en Integración social
Graduada en Pedagogía
Miembro de la asociación el Gir
Técnica de Absentismo Escolar

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