Autoconcepto: Cómo se forma la imagen que tenemos sobre nosotros y como mejorarla

Este artículo es un fragmento del proyecto que llevé a cabo en mi Trabajo Final de Máster de Grupos titulado: Mejora del Autoconcepto y la Autoestima, en personas con Fibromialgia, mediante una intervención grupal con técnicas artísticas”. Espero que os guste y os abra una pequeña ventana a vuestro mundo interior. Ahora que se acercan las vacaciones, además de los diferentes planes lúdicos que cada uno planee, es recomendable realizar un viaje particular y único para cada persona, un viaje hacia dentro de uno mismo, para detenerse un instante, reflexionar y revalorar las dimensiones de nuestra construcción personal.

 

Los seres humanos somos individuos fascinantemente complejos e infinitamente poliédricos, cada persona caracterizada por su idiosincrasia singular, con un lienzo de base con un  código genético similar que se manifiesta y desarrolla con una multiplicidad de matices, colores y texturas particulares y diferenciadas, con un estilo único en continuo desarrollo y evolución. Esta extraordinaria singularidad de cada persona se forma en base a un temperamento determinado de nacimiento, evolucionando y desarrollándose con cada experiencia desde que abrimos los ojos por primera vez, con cada caricia y gesto afectivo, con todas las relaciones sociales que establecemos, con cada aprendizaje, con cada fracaso, con cada sueño e ilusión que alimenta la vida de todos nosotros.

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Como seres sociales estamos influenciados desde el nacimiento por cada input que nos llega de nuestro entorno social y cultural, desde nuestro grupo familiar primario, los diferentes grupos de amistades y compañeros, los referentes culturales que idolatramos, las tendencias políticas e ideológicas que defendemos, todo ello contribuye a construir una identidad profundamente polifacética  en continua evolución.

Todo este conjunto de influencias y condicionantes, son factores que moldean el Autoconcepto, la imagen que tenemos de nosotros mismos. El Autoconcepto es un constructo complejo que ha sido objeto de estudio, análisis y teorizaciones a lo largo de la historia de la psicología, de la filosofía y de las disciplinas artísticas. La capacidad que tenemos los seres humanos de tener conciencia de nosotros  mismos,  nos ha permitido como especie y como individuos reflexionar sobre cuestiones existenciales sobre nuestro papel en el mundo y sobre nuestra particularidad como seres individuales en un contexto de social. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? Son cuestionamientos trascendentales que nos hemos planteado desde el alba de la conciencia de la humanidad, condicionando nuestra forma de percibirnos a nosotros mismos, nuestras raíces, nuestras acciones, nuestra valía personal y nuestro camino en la vida.

¿QUÉ ES EL AUTOCONCEPTO?

El Autoconcepto se ha definido como las percepciones del individuo sobre sí mismo, las cuales se basan en sus experiencias con los demás y en las atribuciones que él mismo hace de su propia conducta (Shavelson, Hubner y Stanton, 1976), así como el concepto que el individuo tiene de sí mismo como un ser físico, social y espiritual (García y Musitu, 1999 Citado en Cazalla-Luna y Molero 2013)

La formación del concepto de si mismo se va realizando gradualmente a lo largo de la vida teniendo sus raíces más profundas en las experiencias afectivas-sensitivas de la infancia. De aquí que lo que los padres nos hagan reconocer en nosotros mismos como constitutivo de nuestra personalidad, llegará a formar parte de nuestro ser, y desarrollaremos, o bien una consideración positiva o bien una imagen dependiente y negativa de lo que somos. (Casanova 1993).

Así, si el autoconcepto propio surge de las interacciones con la sociedad, éste reflejará las características, expectativas y evaluaciones que los otros dan a la persona (Cooley, 1922; Mead, 1934). Para Cooley (1922) los otros constituyen una especie de espejo social (looking-glassself), de tal forma que la percepción que cada cual tiene acerca de sí mismo está determinada por la percepción de las reacciones que los demás tienen sobre él. (Mead 1934, Citado en Cazalla-Luna y Molero 2013)

Basándonos en las diferentes definiciones que se han realizado del Autoconcepto, podríamos sintetizar que este constructo se refiere al conjunto de ideas y creencias que tenemos sobre nosotros mismos,  sobre nuestras capacidades y nuestra singularidad, respecto a las diferentes facetas y áreas de nuestra vida. Esta percepción sobre nosotros mismos se construye, cambia y evoluciona a lo largo de nuestra vida, con las diferentes experiencias vividas e interacciones con nuestro entorno.

El autoconcepto se trata por lo tanto de una experiencia interna y subjetiva, influida por las interacciones de la persona con su entorno, desde el nacimiento y a lo largo de la vida, que generan una determinada percepción y construcción de la propia realidad y los acontecimientos que suceden, configurando como resultado la concepción del si mismo. El desarrollo positivo de este constructo será un aspecto clave para un adecuado desarrollo psicosocial.

MULTIDIMENSIONALIDAD DEL AUTOCONCEPTO

Los modelos teóricos más aceptados en la actualidad conciben el Autoconcepto como un constructo multidimensional, constituido por los diferentes factores que configuran el desarrollo personal y social del individuo. De esta forma, podríamos decir que el Autoconcepto es el resultado de la autopercepción y heteropercepción que una persona hace de si misma respecto a estas diferentes áreas, es decir como se ve a si misma y cómo cree que los demás la ven respecto a estas diferentes dimensiones.

Esnaola, Goñi y Madariaga (2008), postulan que las dimensiones de los tipos de autoconcepto son: físico, personal, social y académico. Y cada tipo de Autoconcepto se constituye a su vez por diferentes dimensiones que lo configuran.

De esta forma el Autoconcepto físico, estaría constituido por las dimensiones de competencia física, apariencia física, forma física y salud. (Bracken 1992), el Autoconcepto Personal formado por las dimensiones autoconcepto afectivo-emocional (cómo se ve a sí misma en cuanto a ajuste emocional o regulación de sus emociones), el autoconcepto ético/moral (hasta qué punto una persona se considera a sí misma honrada), el autoconcepto de la autonomía (la percepción de hasta qué punto decide cada cual sobre su vida en función de su propio criterio) y el autoconcepto de la autorrealización (cómo se ve una persona a sí misma con respecto al logro de sus objetivos de vida). (Esnaola, Goñi y Madariaga, 2008), El Autoconcepto Social formado por las dimensiones competencia social y de aceptación social (Bracken, 1992) y el Autoconcepto académico/laboral, que en este tipo de grupo centraríamos en el aspecto de actividad laboral o no laboral,  que fomente la propia autonomía.

 

Como podemos observar con las diferentes aportaciones teóricas comentadas, la concepción que tenemos sobre nosotros mismos es profundamente compleja y está condicionada por innumerables factores, producto de los aprendizajes personales que hayamos realizado y con las diferentes interacciones y experiencias vividas.

Todo ello fomenta una percepción determinada, más o menos saludable sobre uno mismo, y como podemos comprobar en psicoterapia, muchas personas desarrollan una concepción de ellas mismas más negativa y limitante, produciéndoles un mayor malestar emocional, que a su vez genera una mayor negatividad en la forma de valorarse.

Por estos motivos, en todo proceso Psicoterapéutico es fundamental trabajar con la persona para potenciar una mejora de su Autoconcepto, para fomentar nuevas construcciones personales, facilitar la autoaceptación, el autocuidado y la autovaloración positiva.

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¿COMO PODEMOS MEJORAR NUESTRO AUTOCONCEPTO?

A menudo, debido al cúmulo de experiencias e interacciones más negativas, muchas personas pueden desarrollar un discurso sobre ellas mismas muy duro y limitante, juzgándose de forma exigente y menospreciando la propia valía.

Es fundamental poder detectar el discurso interno que tenemos, los mensajes internos que nos damos y en que medida nos condicionan y afectan a nuestro estado de ánimo.

Será necesario por lo tanto, cambiar los criterios desde los que uno se juzga a si mismo, ampliando el foco de nuestra definición. Autovalorarse de forma objetiva e indulgente. Todas las personas tienen virtudes y aspectos a mejorar, en este sentido los propios defectos no deben ser un factor limitante que genere una autoflagelación continua, sinó que deben movilizarnos para mejorar y crecer.

Por lo tanto desarrollar un discurso hacia la propia más adaptativo y saludable es fundamental para valorarse de una forma más positiva.

Las experiencias sociales afectivamente positivas son fundamentales para el adecuado desarrollo del autoconcepto y la autoestima, la valoración que los demás hacen de nosotros mismos influye considerablemente en cómo nos percibimos. Sin embargo no todas las interacciones que tenemos a lo largo de nuestra vida son positivas, los desengaños y el dolor comportado por ciertas interacciones y experiencias son inevitables e influirán de forma notable en nuestra psique y en nuestra autovaloración.

Por este motivo es importante alejarse lo máximo posible de aquellas personas que “resten”, que nos hagan sentir mal, que nos puedan manipular o minar nuestra valía y rodearnos de personas que nos aporten, que nos proporcionen apoyo. Mantener relaciones saludables que nos estimulen y nos permitan establecer vínculos sociales satisfactorios.

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La Autoaceptación de las diferentes características personales es un proceso puntal y básico para una buena salud psicológica. Reconocer y aceptar las propias características personales, es esencial para poder desarrollar un adecuado autoconcepto disfrutar de una buena salud psicológica.

Como desarrollé en el proyecto del cual he compartido este fragmento, las técnicas artísticas, con su poder catártico, simbólico y lúdico, pueden fomentar una mayor introspección y estimulación personales, potenciando cambios en la forma de autoconcebirse y ampliando la conciencia hacia nuevos constructos personales, es decir abriendo la percepción a nuevas formas de construirse a si mismo, de valorarse y de definirse. Dibujar, escribir, cantar, realizar un collage, experimentar pintando, moldeando… Las prácticas artísticas son infinitas y todas y cada una de ellas permiten liberar las vivencias emocionales que laten en nuestro interior.

La aceptación, el cambio en la forma de valorarnos y juzgarnos a nosotros mismos, potenciar una mayor focalización en las propias cualidades y virtudes, rodearnos de personas que nos aporten con relaciones saludables son algunos de los factores más importantes para fomentar una mejora en el Autoconcepto.

Para acabar el artículo compartiré un fragmento de Paul Auster, de su libro autobiográfico Diario de Invierno, que refleja a la perfección la construcción de la propia valía, repasando su propio inventario de cicatrices.

 

“El inventario de tus cicatrices, en particular las de la cara, que ves cada mañana al mirarte en el espejo del baño cuando te peinas o vas a afeitarte. Rara vez piensas en ellas, pero cuando lo haces, entiendes que son marcas que deja la vida, que el surtido de líneas irregulares grabadas en la piel de tu rostro son letras del alfabeto secreto que narra la historia de quién eres, porque cada cicatriz es la huella de una herida curada, y cada
herida era resultado de una inesperada colisión con el mundo.”

Paul Auster, “Diario de Invierno”

 

Arias Gallegos, W. (2015). Carl R. Rogers y la Terapia Centrada en el Cliente. Av.psicol.23.

Casanova, E. (1993). El desarrollo del concepto de si mismo en la teoría fenomenológica de Carl Rogers. Rev. De Psicol. Gral. Y Aplic.46, 177-186.

Esnaola, I., Goñi, A., & Madariaga, J. (2008). El Autoconcepto: Perspectivas de Investigación. Revista De Psicodidáctica13(1136-1034), 69-96.

García, L. (1999). Configuración histórica del concepto de Autoimagen. Revista De Historia De La Psicologia20, 405-414.

González, M., & Tourón, J. (1992). Autoconcepto y Rendimiento escolar. Pamplona: Ediciones Universidad de Navarra, S. A. (EUNSA).

(2013). Revisión teórica sobre el autoconcepto y su importancia en la adolescencia. Revista Electrónica De Investigación Y Docencia.

Escrito por Adrià Gilabert

Adrià Gilabert

Licenciado en psicología en la Universitat Autònoma de Barcelona, máster de Práctica Clínica en la fundación AEPCCC, Máster de Conducción de Grupos Universitat de Barcelona.

Llevo a cabo psicoterapia individual por cuenta propia, en el centro UAP de Barcelona y en el Centre Mèdic Mollet.

También trabajo con grupos en los ámbitos clínico, social y formativo.

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