La cárcel de la fidelidad a los padres

cárcelesEl proceso de crecimiento interior, o actualización del potencial intrínseco del ser humano, comienza en el feto-bebé-niño, cuando todo su potencial esta disponible para el desarrollo completo, viene dispuesto a su realización plena y conectado plenamente con su fondo esencial y eterno, y sin embargo llega al mundo entrando en una familia que se haya limitada en el continuo espacio-tiempo-mente.

Todos los bebés-niños tienen la impresión profunda, esencial, inconsciente, de hallarse en un entorno falso, hostil, donde no son acogidos en la plenitud de amor que son y en la que se reconocen internamente. Es como que sentimos llegar a un hogar que no nos pertenece. Sólo nos queda la opción de reducirnos a nosotros mismos, encajando como la pieza de un puzzle en nuestro sistema familiar, que es la cárcel que impide el desarrollo pleno del ser.

El bebe-niño comprende que es diferente, que su ser es amplio y completo, y percibe a sus padres como seres limitados por su estructura racional de miedo-dolor. Esta comprensión del niño no es racional, viene del fondo de su consciencia. Sintiéndose un extraño, toma la única elección posible: participar de lo que la vida le ofrece, entrar en su cuerpo familiar de dolor-miedo para ser uno más del sistema, a costa de perder el contacto con su esencia luminosa y absoluta. Sale de su centro esencial, se desconecta del fondo del ser, y claudica. Elige volverse extranjero de sí mismo. Esta claudicación es necesaria, es parte del desarrollo humano caer en el cuerpo de dolor, caer del paraíso para volverse ciego y gracias a la ceguera llegar a la visión consciente.

Es necesario dejar de ver para poder ver, hundirse para levantarse, rendirse y perderse para alcanzar lo que existe desde el inicio.

No se trata de una planificación, ni de una lucha sin sentido, es solo como si el bebé-niño fuera llamado a esta misión de dejar de ser quien realmente es, separándose de su fuente y permitiendo un abandono de sí mismo para acatar un ego, desarrollar un personaje falso como respuesta a la expectativa externa, un yo racional que le sitúa en un aspecto muy limitado de sí mismo.

Podríamos decir que este “encarcelamiento voluntario” lo realiza el bebé-niño por amor a sus padres, como una rendición amorosa para entrar en la vida de sus padres y poder ser su heredero humano. Sin embargo, el ser humano ha de superar su limitación humana, ha de reconocer su cárcel y liberarse, dejando a los padres atrás y rompiendo su compromiso de ser el heredero de ese sistema cerrado lleno de miedo y dolor. Esta renuncia que hicimos al ser esencial que cada uno es ha de ser superada, podemos  “re-iniciarnos” y  pasar de la renuncia a la satisfacción plena de lo que somos realmente, sin culpa ni vergüenza. Romper la claudicación es volver a la plenitud de un ser que solo es humano porque lo ha elegido, pero que en su esencia supera todo lo humano, entendiendo humano como el sistema de creencias y fijaciones del ego que se establecen en el sistema familiar y social.

La nueva vida que comienza al romper la renuncia supone un dejar atrás todos los condicionamientos, es un dejar de ser de la familia, infantil y humana, soltar el yo y atreverse a un nuevo ser plenamente desarrollado, entrando en una nueva familia, la verdadera familia de origen, que es la existencia entera. Ser la totalidad implica ahora renunciar a la pequeña cárcel asumida en la infancia, para regresar a lo divino. Es una ruptura total que produce pánico si se pretende realizar desde el ámbito humano-racional, pero que puede darse pacíficamente realizada directamente en conexión con la esencia. La vía es conectar con el espacio del corazón, recibir todo el amor que está eternamente presente y relajarse en el ser, ser del cuerpo y ser del alma. Trabajando la eliminación de todos los patrones asumidos, liberándose de la cárcel del personaje social y familiar, el ser humano suelta a su familia humana, se vuelve huérfano como siempre lo fue para recibir el amor pleno de la totalidad, de esta forma suelta a sus padres y se haya en la disposición verdadera de poder dar por primera vez, propiciando el despertar de las familias humanas y rompiendo la cadena de la ceguera que enlaza el dolor-miedo generación tras generación.

Esta huella o grabación de atadura con el sistema familiar es el más poderoso impedimento para la liberación. La herencia asumida, o fidelidad a los padres, es un anclaje interno que realiza el alma por amor, y que viene a decir: “me mantengo inferior para no superar a mis padres, para pertenecerles y honrarles, sigo su herencia que ellos me reclaman desde su limitación humana, y asumo ser como ellos para amarles siempre” Amar así a los padres es un amor elegido desde la limitación. Es solo el inicio del camino. Se realiza de esta forma como parte del proceso evolutivo, desde la inconsciencia hacia la consciencia. El fin de este proceso es vivir desde el ser, reconociendo la cárcel del yo, despertando y soltándola para efectuar un servicio de amor desde el ser despierto, no desde el ser dormido. Así, deshonrar a los padres abandonando su herencia, dejando de ser lo que esperan que seamos y asumiendo el propio poder y ser desde el corazón, es en realidad la mayor forma de honrarles.

Escrito por Javier Melguizo Escuela Hephaisto

Javier Melguizo Escuela Hephaisto

Terapeuta Gestalt formado en Equipo Centro y CIPARH. Licenciado en Bellas Artes por la UCM. Formado en técnicas corporales, Bioenergética y meditación. Más de 15 años de experiencia en conducción de grupos. Formador en expresión plástica-corporal y Arteterapia, he creado mi propia manera de formar o acompañar en el arte y de hacer Arteterapia, a la que llamo Integración Creadora.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *